Moda y ética en el cine

La actitud es algo que está infravalorado. En cambio, el resultado se sobredimensiona. Todo por el producto final, da igual, o muy poco, el cómo se ha llegado a él, el recorrido, el planteamiento tomado, el camino.

En el mundo del cine escasean cada vez más las personas que se tomen el proceso de hacer películas con rigor ético, con una actitud marcadamente artística. Al contrario, tanto en cortos como en largos, lo que abundan son los directorcillos estrellitas que quieren ser tan guays como Tarantino y compañía.

Esta actitud se ve, por ejemplo, en esos ridículos títulos de créditos de muchos cortos. Al principio o después de una narración infumable, llena de tópicos gastados o con vacíos golpes de (supuesto) efecto, entran unas infografías estridentes, con música cañera, y eso de “un cortometraje de…”. Pero ¡qué me estás contando hombre! Ponte a ver cine, aprende primero, sé humilde, y luego vuelve a contar una historia con imágenes, que es de lo que se trata. ¿Sabes lo que es la puesta en escena? Deja de obsesionarte por tener la fotografía o el montaje más chulo del mundo, y preocúpate más del guión, de los personajes. Deja de querer ser como Amenábar o Iñárritu porque sí. La moda se pasa de moda. El arte verdadero, en cambio, no caduca. Cuenta algo, cuando tengas algo que contar. Y sólo entonces mueve cielo y tierra para contarlo de la mejor manera.

Cuando llegan al largo, hablan como si llevaran décadas en esto. ¿Te avergüenzas de haber sido cortometrajista? Lo que quieren por encima de todo es hacer películas y rular de festival en festival, de fiesta en fiesta. Da igual qué películas haya que hacer. Le echan mucho morro. Ya encontraremos un guión (pseudo)impactante con el que llamar la atención y mantener nuestro estatus de modernos, pero ¡ojo! tiene que ser una película neoclásica, no vayamos a espantar a la gente y perder beneficios. Y hay que rodar todo lo que se pueda para seguir en el candelero… ¡que si no se olvidan de uno!

Y también están los directores de festivales de cortos. Aficionadillos a esto del cine, neófitos, de dudosa formación y escasos conocimientos en el mundo específico del cortometraje, de su historia, de sus múltiples tendencias, de sus relaciones con otras artes. Estos personajes, encantados con el cargo de ser directores de algo, están más preocupados de que el nombre de su pueblo se oiga en los medios de comunicación, antes que de confeccionar una programación de cortos sólida, variada, coherente y arriesgada, o de asegurar las mejores condiciones de proyección. Su actitud los delata, lo que les interesa es autocompararse con otras ceremonias, como los Globos de Oro, que ¡vamos! son todo un ejemplo de rigor artístico y justicia cinematográfica, alejados de la moda y la farándula…

Pero, afortunadamente, para contrapesar este catálogo de niñatos ególatras, existe otro grupo de verdaderos creadores, cuya sola actitud al frente del proceso de creación cinematográfica les convierte ya en artistas. No tienen prisas por hacer películas. Algunos ruedan al ritmo de una por década, como Erice, Guerín o Portabella. Algunas veces incluso les salen irregulares, crípticas o incompletas. Pero el mérito está en su apuesta, porque no todo es el resultado.

Ejemplos: véase Rafa Cortés, director de una ópera prima tan callada y contundente como ‘yo’. Su posicionamiento (y el de su coguionista y protagonista Álex Brendemühl), de exclusivo creador, y nada más, le permite obtener unos planos, una historia, realmente nuevos. Eso sí que es novedoso. Por su parte, la peli europea del año, ‘4 meses, 3 semanas y 2 días’, demuestra también la actitud tomada por su director Christian Mungiu. Este joven y desconocido rumano despliega una lección de verdadero cine partiendo de un rigor extremo, de un sólido planteamiento ético, para llegar a una despojada y deslumbrante puesta en escena, que lleva la narración hasta sus últimas consecuencias. Cine, en fin, que aletea por sí solo, sin necesidad de más adornos.

También en aquí, en las Islas, existen ‘directores morales’, con alta capacidad de riesgo estético. Sin ir más lejos, anoche se estrenó en el Cine Victor ‘Quédate conmigo’, la última obra de Josep Vilageliu, uno de los pocos francotiradores del cine canario, de ejemplar concepción y ejecución. Muy prontos veremos ‘Los arrozales’, en cuya producción participó Digital 104. Fue una delicia ver en acción a un director de verdad, excéntrico, libre de ataduras, preocupado únicamente por la mejor representación posible de su arriesgado planteamiento inicial. Y, aunque a él no le guste, me voy a permitir nombrar a mi compañero Domingo J. González. Vean ‘OFF’ y se comprenderá.

Por eso, la última ceremonia de los Goya ha sido una noche histórica. Porque la mejor película que había parido en 2007 el cine español, ‘La Soledad’ de Jaime Rosales, fue considerada por la Academia como la mejor película del 2007, una paradoja que se ha dado muy pocas veces en los Goyas. ¡Sí señor! Llevo desde entonces contento. El premio a la mejor dirección y película, es el reconocimiento de esta actitud frente a la creación cinematográfica. Una actitud que comenzó a vislumbrarse en la arriesgada apuesta que era ‘Las horas del día’, su primera película de 2003. Y una actitud, en fin, que le llevo a tomar la radical decisión de partir la pantalla en dos (¡casi nada!), pero no para parecer moderno, no, sino para (y ahí está el mérito) aumentar el componente emocional de su emocionante historia. Chapeau. Lo que había sido hasta ahora soledad y ostracismo para el ‘director moral’, se convirtió al menos por una noche en celebración, en expansión. La soledad compartida de los directores de fondo.

Jairo López
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2 comentarios en “Moda y ética en el cine

  1. Había entrado sólo una vez en vuestro blog. Ahora he dispuesto algo de tiempo y me ha encantado. Me gusta la pasión que expresa, la claridad de los planteamientos. Este post en particular me parece formidable, claro, contundente, verídico.Ánimo y a seguir caminando.

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  2. Muchas gracias David! Ya daba por muerto este post de hace más de un año. No cambiaremos el mundo con nuestros blogs pero, de un tiempo a esta parte el panorama del cine en Canarias parace más vivo, como dice Eduardo, algo se está moviendo.

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