Corrimos por Madrid cuando éramos reyes

Tenía idea de escribir algo rápido sobre nuestras experiencias del viaje a Madrid y Medina del Campo donde presentamos nuestro corto “Algo que aprender”, pero es que la inmediatez del Facebook por un lado (donde Jonay iba colgando fotos y noticias) y el resumen de David Delgado en su blog me dejaban con pocas cosas más que añadir. No obstante, han pasado los días y en mi cabeza se van quedando unos recuerdos por encima de otros (los chicos ya saben y padecen cuán caprichosa es mi débil memoria). Así que aquí van 7 momentos de la presentación de los 7 cortos canarios en Madrid el jueves 26 de marzo:

– 1. La llegada. Eugenia y yo salimos del metro en Callao en un día espléndido y nos encontramos con el nombre de nuestro corto en letras enormes en la Gran Vía. Impresiona. Da igual que sólo fuera un pase, da igual que el 99% de los madrileños no se enteraran del estreno… el caso es que allí estábamos, proyectando en un gran cine. No me digan que nos es ver cumplido un sueño.

– 2. El encuentro. Era la primera vez que se iban a encontrar los directores de los 7 cortometrajes seleccionados en el Catálogo. A los ya conocidos Patrick, Aarón, David Delgado y David Cánovas, ese día tenían que aparecer los 2 que faltaban. Flashback: metro de Madrid línea rosa (la del aeropuerto). Estoy al lado de alguien con melenas y entradas que habla con una chica de vídeos, youtube, y creo entender algo de estreno (ya no sé). En otra línea el tipo de melenas con entradas le explica a un señora cómo llegar a otra parada de metro. Después, ya en la recepción del hotel, nos lo volvemos a ver. Nos quedamos mirándonos y me pregunta : “¿Venís también de Barcelona, no?”. Ése era el dato que me faltaba: cine + Barcelona + hotel del catálogo = Pau Camarasa. Le respondo que no, pero que “nos hemos visto en el metro”. Sonreimos y le pregunto: “¿Tu eres el director de Ona, no?” Se sorprende. Nos saludamos. Fastforward: Pau, un amigo suyo de Madrid, Eugenia y yo bastante borrachos por Malasaña: “¡Tío! cuando vengas a Tenerife ya sabes que tienes dónde quedarte…”.

– 3. Los rayones. Volvemos a ese jueves al mediodía. Al pase de prueba. Mientras los directores y productores nos vamos encontrando, veo a un joven alto, flaco y con barba hablando con David Cánovas e intuyo que es Mateo Gil. Ya dentro comienza la proyección, que transcurre con normalidad hasta que le toca al turno a nuestro corto. Me mosqueo cuando veo la pantalla en blanco (“si las colas entre corto y corto siempre son negras”, pienso), y entonces veo líneas, trazos, rayones y un ruido infernal. 1 segundo sin comprender nada. Al instante me doy cuenta que las líneas son los títulos de crédito de nuestro corto, que suben por la pantalla acercándose al plano final… ¡¡El proyeccionista ha montado el corto al revés!! Pensando en matarle me levanto de la butaca, gritando “¡Para!”. Cuando salgo fuera veo a Patrick y Patricia, lo que me confunde aún más, hasta que localizo a Natalia y paramos la proyección. Afortunadamente este fallo se ha producido en el pase de prueba pero la película ha quedado herida de gravedad: rayones y más rayones en la parte final de los créditos… si Jonay estuviera aquí seguro que alguna cabeza habría rodado…


(A partir de aquí el guionista de mis recuerdos opta por una narración menos clásica y, haciendo uso de la elipsis, se detiene en insignificantes momentos. Para los que quieran mantener la linealidad del puzzle, colocar entre 3 y 4 las fotos de la entrada al cine y presentación de los cortos. Ya se pueden imaginar nuestras sensaciones en esos momentos. Para completar lo que pasó entre 4 y 5, el brindis, picnhar aquí; y entre 5 y 6, la entrevista en Radio 3, donde Eugenia sorprendió a Tolentino con sus valoraciones de Medem, Almodóvar y Martín Patino, aquí).


– 4. El corazón delator. Después de 6 cortos, la pantalla, ahora sí en negro, da paso a la cortinilla inicial de Digital 104: el pulso se me acelera, mi corazón retumba dentro de mi pecho, parece que se me va a salir y las manos me sudan. Siempre, en cada proyección, el inicio y el final del corto me provocan estos efectos secundarios. Más de un año de nuestras vidas están ahí.

– 5. El Madrid normal. Viernes día 27. 12:30 horas. Sol. Caminando por calles y aceras, nos topamos, después de cuatro años, con los cines Doré, lugar de exhibición de la Filmoteca española, un sitio encantador, popular, con ese mercado y esos olores que tanta vida transmiten. Seguimos caminando sin rumbo y terminamos en Lavapiés (¡la primera casilla del Monopoly!) y siguiendo indicaciones telefónicas terminamos en una pequeña tienda de cómics donde Eugenia encuentra lo que buscaba… no es nada porno, no, sino el número 7 de Sandman.

– 6. El arte. El sol cae. Después de varias despedidas, nos quedamos Pau, David Delgado, Eugenia y yo, y entramos a una exposición gratuita sobre La Sombra. Más allá de lo sugerente del tema, no tengo muchas esperanzas en la visita, vamos un poco para rellenar la tarde. Entramos y nos topamos con Picasso, Dalí, Hopper, Warhol, De Chirico, Man Ray… y me quedo anonadado. Los cuatro hablamos de los cuadros, de la idea de cada cuadro, de los cortos, del surrealismo, del arte, de la creación. Después de haber lanzado nuestras creaciones y quedarnos vacíos, nos llenemos de las creaciones de los otros, de los grandes.

– 7. La última noche. Estamos Pau, su amigo del flashback (no me acuerdo del nombre, pero era muy alto), Eugenia y yo en un bar. Agua valenciana + caipirinha + caipirozka + mucho ganas de hablar de cine = noche cojonuda. Tengo que ver a Bresson, tienes que ver “Arrebato”, muerte a Shyamalan, un hermano que admira a Mariano Ozores, cómo dedicarte al cine y no morir en el intento…

Epílogo: Después de reencuentros con viejos amigos (Mari Ángeles, Helio, Daldi, Lucía y Jorge, Mónica y Delia), después de la proyección, comentarios y conversaciones, después de haber conocido a nuevos viajeros, a nuevos amigos, nos despedimos de todos y de Madrid sólo con un pero: que allí no estaban Jonay y Domingo (malditos curros), aunque quizás por eso siempre acabábamos en grupos de a cuatro.

Continuará con “Medina del Campo: historia de un festival helado”.

Jairo López

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2 comentarios en “Corrimos por Madrid cuando éramos reyes

  1. Hola amigos.Sólo por compartir esos momentos con gente como ustedes valió la pena estar allí.Buena narración de lo acontecido.Un saludo, y acuérdate del guión que me comentaste (ddsangines@terra.es)

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  2. ¡¡Muy guapo pariente!!
    Parece que fueron días muy especiales. Me alegro mucho de lo vivido. Experiencias así, hacen que uno se sienta vivo y con muchas ganas de hacer cosas.
    Mantén ese espíritu abierto, cordial, creador.
    Un fuerte abrazo.
    Nos vemos por La Palma y después en el rodaje de “Como siempre”.
    López

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