Gestionar la cultura en tiempos de crisis

Foto: Stuart Pilbrow / CC.
Por Jairo López

El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y el Cabildo de Tenerife convocaron al sector (sobre todo público) de la cultura a un Encuentro para la Coordinación y Cooperación Cultural de Tenerife. Se celebró los días 22 y 23 de enero y 1 de febrero de 2013 con la urgencia de un gabinete de crisis, el espíritu de rigor de un congreso especializado y un notable afán de transparencia y cierto tono de mea culpa, sumado a un ‘esto es lo que hay’ entre los políticos.
Se trataba de crear un espacio de trabajo en el que cargos públicos y técnicos de las distintas administraciones culturales canarias, con algunos agentes del sector privado, compartieran análisis y reflexión en torno a los principales desafíos de las políticas culturales en el actual contexto político y económico. Una de las cuestiones más debatidas fue dónde, de qué manera y con qué medios debe intervenir ahora cada administración pública en materia de cultura. Y, como trasfondo, el análisis de los cambios legislativos que afectarán a las administraciones, sobre todo a las corporaciones locales. Sin ánimo de ser exhaustivos, compartimos algunas rápidas reflexiones de lo vivido durante estas tres intensas jornadas de debate:

1. “El punto en el que estamos no tiene vuelta atrás”

Esta fue la idea que trató de dejar clara José Luis Rivero Ceballos (Presidente de la Fundación Pedro García Cabrera). No vamos a volver a los niveles de presupuesto y gasto público en cultura de 2007 ni por asomo. La situación no va a mejorar ni a corto ni a medio plazo porque la Administración se regirá durante muchos años por unas durísimas políticas de austeridad. No es una situación temporal, quitémonos ese chip de la cabeza.

2. Reformas, a las buenas o a las malas.

Se habló mucho de derecho y de leyes, justamente porque el sector cultural presenta una menor densidad regulatoria y legislativa que otros sectores. Esto había permitido hasta ahora mucha libertad de gestión, pero por otro lado, había creado un cierto caos de competencias entre administraciones, sobre todo entre Ayuntamientos y Cabildos/Diputaciones, pero también con gobiernos regionales. Por eso, el borrador de la nueva Ley de Bases de Régimen local reduce y ordena competencias culturales para los ayuntamientos, y establece mecanismos para quitarles ciertas encomiendas, en función de la eficiencia. 
Por ejemplo, los Organismos Autónomos de Cultura tienen los días contados hasta mediados de 2015 salvo que logren ser rentables, cosa que parece harto improbable. Es una reforma dirigida a controlar, por parte del Ministerio de Hacienda, la disciplina presupuestaria de los ayuntamientos, donde el interventor pasará a ser una especie de delegado de la hacienda estatal (al mismo tiempo ‘espía y chivato’). En Canarias, la Comisión para la Reforma de las administraciones públicas ha propuesto una metodología para baremar y redistribuir el marco de competencias y funciones del sector cultural en función de tres variables: subsidiariedad, eficiencia y equidad.
3. Continuismo en el Gobierno de Canarias.
La nueva Dirección General de Cultura del Gobierno de Canarias (antes Viceconsejería) tiene un presupuesto de apenas 20 millones de euros en 2013, lo que representa el 0,34% del presupuesto autonómico. Se mantendrán los programas de movilidad de artistas, los circuitos regionales, y la implementación de la denominada Estrategia canaria de la cultura‘, esto es, lo elementos menos ambiciosos del ‘Plan canario de cultura‘. Ya no se financiarán grandes proyectos tipo Septenio.
4. La música es el sector más apoyado por el Cabildo
Y en general por todas las administraciones, si tenemos en cuenta los presupuestos (enormes en porcentajes) del Festival de Música de Canarias en el Gobierno regional, o de las (en muchos casos caóticas) Escuelas de Música a nivel municipal. En el Cabildo, el mantenimiento de la Orquesta Sinfónica de Tenerife se lleva casi la mitad del pastel del área de cultura (44,6 %), que sumado al presupuesto del Auditorio de Tenerife, representa el 63,7 % del total.
5. El cine, el gran ausente.

Mucho se habló de música, de libro y bibliotecas, de museos y folclore y también de teatro, pero el sector audiovisual fue (junto con la danza), uno de los más ausentes en las exposiciones y debates del encuentro, lo que revela la gran distancia que lo separa aún de la mentalidad del gestor público. El cine parece que solo recibirá desde lo público pequeños apoyos para la distribución y/o exhibición. En paralelo al encuentro, se produjo un inesperado cambio en la Dirección del Plan canario audiovisual, que a partir de ahora dirigirá Natacha Mora Yanes (anteriormente gestora cultural del programa Septenio), y a la que le deseamos buena suerte y mucho ánimo para relanzar las potencialidades del sector.
6. Debates, hermanamiento y continuidad

Como conclusión, se palpó un afectivo hermanamiento ente gestores, concejales y técnicos, que, durante unas horas, detuvieron sus dinámicas diarias para repensar su acción, y debatirlas con otros compañeros. Se constató, una vez más, la escasa capacidad de abstracción en los breves coloquios, donde cada uno suele ir básicamente a ‘hablar de su libro’, pero donde siempre se filtran algunas buenas ideas. El sentir general confirmaba la tesis de que estos encuentros son muy necesarios para reaccionar y reordenar el panorama, para agilizar la respuesta de lo público y que siga habiendo una gestión de la cultura aún en tiempos de guerra. El encuentro se cerró con una Declaración final de la que destacamos esta idea: 
“En materia cultural, la gestión pública puede ganar en eficiencia para asegurar la sostenibilidad del servicio público. Autonomía y competencia propia no se oponen a cooperación y coordinación. […] Afrontar el reto de la coordinación entre administraciones se torna urgente e ineludible”.
Una imagen de la jornada celebrada en TEA Tenerife Espacio de las Artes. Foto: Emilio Ramal.
Pueden consultar algunas presentaciones y pdfs aquí.

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Un comentario en “Gestionar la cultura en tiempos de crisis

  1. Se constató, una vez más, la escasa capacidad de abstracción en los breves coloquios, donde cada uno suele ir básicamente a ‘hablar de su libro’…
    Pues eso.

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