INTERNET, ¿EL FIN DE LA ORTOGRAFÍA?



Por Domingo J. González
Coordinador de Digital 104-Comunicación

Es uno de los ‘mantras’ con los que se llenan la boca todos los gurús del social media (otro día hablaremos de anglicismos, por cierto): “Una buena ortografía es clave para cualquier paso que demos en Internet”. ¡Mentira! No digo que sea mentira la afirmación, digo que es mentira que algunos de esos gurús -los falsos, claro, que, por suerte, también hay auténticas eminencias- lo piensen realmente o sepan lo que significa. La constatación de ello -y la consternación, por qué no decirlo- me llegó hace unos días cuando leí la enésima aberración ortográfica de esa persona ‘experta en comunicación digital’. No era la primera vez y, además, venía a sumarse a otros detectados en blogs que, por una cosa o por otra, consideraba de referencia. Lo siento, pero si hablas de comunicación con faltas de ortografía tu discurso pierde puntos. Es mi opinión. Por eso, me he decidido a escribir esta reflexión sin más objetivo que exorcizar mi tristeza, compartir mi preocupación y dejar por escrito mi queja. Perdón de antemano si alguien se siente aludido (y perdón por los posibles errores que puedan encontrar en el texto, que todos somos humanos).

Internet, el chivato

Aprendemos a leer y a escribir en el colegio. Vamos superando cursos. A algunos nos  cuestan más unas cosas, a otros, otras. Pero todos, en mayor o menor medida, conocemos al terminar nuestra etapa educativa las reglas ortográficas básicas o eso pensaba yo. No es sólo que las conozcamos, sino que las utilizamos de forma natural, sin pensar mucho en ellas (de eso se trata). Internet ha venido a demostrar, entre otras cosas, que nuestro nivel ortográfico no era el que creíamos. Y no le echemos la culpa a los adolescentes, por favor. Puede que ellos hayan sido los primeros en inventar un ‘lenguaje’ paralelo en el que el error es el rey, pero somos los adultos, los que antes del Facebook escribíamos con corrección o al menos lo intentábamos, los verdaderos culpables de la degeneración del lenguaje, por dejarnos arrastrar.

Subvertir la norma

Entiendo que en determinados contextos, personales, coloquiales y hasta con cierto sentido humorístico, la corrección extrema pueda relajarse o subvertirse de forma consciente, pero eso es una cosa y otra muy diferente es el analfabetismo ortográfico. O dicho de otra manera, igual que se ve a la legua si un fallo es una errata o un error, se nota a primera vista si hemos querido ‘subvertir’ la regla o, simplemente, erramos por ignorancia. Tampoco entiendo, dicho sea de paso, que escribir mal sea más cómodo que escribir bien. Excusas hay muchas y ninguna me convence. Es como esas personas que no ponen tildes porque afirman que el buscador de turno ignorará su texto. Pues qué quieren que les diga, si yo busco algo en Google y la primera entrada que me encuentro no tiene ni una tilde, además de costarme entender lo que me quieren contar, es suficiente motivo para que pase a la segunda entrada. Y si no, a la tercera… Será que uno es raro, pero estoy cada vez más convencido de que es mejor ofrecer un contenido de calidad que ofrecer basura bien posicionada. Hay que tender a unir las dos cosas, por supuesto, pero si hay que elegir, me quedo con el buen contenido bien dicho, con la corrección lingüística, que no lleva a mensajes equívocos y que es un placer en sí misma. 

A veces es mejor dudar

Por supuesto que somos humanos, que todos fallamos y que, escribiendo a todas horas y de forma pública, estamos expuestos a equivocarnos. Pero eso no quita para que intentemos minimizar el error. Lo más importante para saber escribir es escribir y es leer, pero no de cualquier manera, sino con los cinco sentidos puestos en lo que hacemos. No está de más, si tenemos dudas, escribirlo en otro lado antes de publicarlo (y leerlo y releerlo y reescribirlo). Y en cuestión de ortografía, la duda puede ser la mejor compañera, siempre que nos lleve a la consulta y no a tirar barro a la pared a ver si pega.

Esto es peligroso, muy peligroso…

Es cierto que la ortografía existe para entendernos y muchos dirán que mientras dos interlocutores lo consigan, todo vale. Pues estoy de acuerdo y no lo estoy. El principal problema de las burradas ortográficas es que se fijan en nuestra memoria. Si leemos una y otra vez una palabra mal escrita, tenderemos a reproducir el error o, cuando menos, a dudar de cuál era su forma correcta. Es peligroso, muy peligroso, porque, además, cada vez que abro el Facebook o el Twitter, tengo miedo a que los ojos se me desprendan de mis cuencas al leer cosas como “Hay que calor hace hoy!” o “Haber que nos depara la semana……”. ¡Esto es un sinvivir!

Por supuesto, no quiero señalar a nadie y quiero señalarnos a todos, profesionales y no profesionales de la comunicación. En otro momento, hablaré también de gramática, de estilo, de coherencia en nuestros textos, pero, de momento, creo que no estaría de más que intentásemos cuidar un poco no sólo lo que decimos, sino cómo lo decimos. Y si no sabemos decirlo bien, no lo digamos o digámoslo de otra forma o dejemos que otros nos ayuden a decirlo. Y no santifiquemos al corrector de Word. Prefiramos a Fundeu, la RAE, María Moliner o Manuel Seco, al igual que, si queremos hablar inglés, no se nos ocurriría sustituir el Oxford por el traductor de Google. 

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