LOS GOYA (O CÓMO ELEGIR LA OPCIÓN CORRECTA)

    No vamos a hablar de Wert ni de su ausencia. No analizaremos la labor de Manel Fuentes al frente de la gala. No opinaremos sobre cuáles fueron los mejores o los peores vestidos en la alfombra roja. El pasado domingo se celebró en Madrid la ceremonia de la 28ª edición de los premios Goya y nosotros, como es ya costumbre, queremos hablar de eso, de los premios, de los auténticos protagonistas. El resumen de la noche vendría a ser que dos películas se repartieron la gloria: Vivir es fácil con los ojos cerrados y Las brujas de Zugarramurdi. Juntas acumularon 14 de los 22 premios de la noche. Otro titular podría ser algo así como que la ausencia de grandes favoritos favoreció que se compensaran algunos olvidos históricos como los de Javier Cámara, David Trueba o Terele Pávez. Y, por supuesto, la idea por la que me he decidido finalmente en el titular de este post: pareciera que al cine español le preocupa siempre elegir la opción ‘más correcta’

    ¿Quieres saber quién se esconde detrás de cada premio? Vamos con el repaso. Y perdón por la extensión del post…

    Los cortos

    Un cineasta veterano, el bilbaíno Gaizka Urresti (1967), se hizo con el premio al cortometraje de ficción con Abstenerse agencias. Protagonizado por Asunción Balaguer, Andrés Gertrudix y Carmen Barrantes, este corto llegó a los Goya después de 18 premios por toda la geografía española y más de 60 selecciones internacionales (la MIDEC, entre ellas).
    El premio a mejor corto de animación fue para Cuerdas, del barcelonés Pedro Solís García, que ha vuelto a conseguirlo: ya lo ganó en 2011 con La bruxa, su ópera prima. Solís García trabajó en el equipo de 3D de los cortos Tadeo Jones y Tadeo Jones y el templo maldito y fue el director de producción del largo Las aventuras de Tadeo Jones
    Y el navarro Raúl de la Fuente se hizo con el Goya al mejor cortometraje documental por Minerita, sobre las difíciles condiciones de vida de las mujeres de Cerro Rico, en Bolivia. De la Fuente no es nuevo en esto de los premios. Su largometraje Nömadak Tx fue la película documental española más premiada en festivales internacionales en 2007. En 2012, estuvo nominado en esta misma categoría por Virgen negra. Con Minerita está arrasando este año.

    Extranjeras

    El Goya era uno de los pocos galardones que le faltaban a Amour, de Michael Haneke. La cinta protagonizada por los veteranos Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Rivas, suma el premio concedido por el cine español a su larga lista de premios -que incluye un Óscar, un Globo de Oro y la Palma de Oro de Cannes-. Competía como Mejor película europea, además, con tres auténticos peliculones (La cazaLa vida de Adèle y La gran belleza) en la que, para los cinéfilos, fue sin duda la categoría de la noche. Haneke ya había estado nominado infructuosamente en 2011 con La cinta blanca.
    El equipo de Azul y no tan rosa celebró por todo lo alto su premio como Mejor película iberoamericana. La categoría, siempre sorprendente, volvió a dejar en la cuneta a las favoritas (El médico alemán, La jaula de oro y Gloria) para darle a Venezuela su primer Goya en la que era su octava nominación en 28 años. Ópera prima del actor Miguel Ferrari, ha sido un incontestable éxito en su país abordando temas hasta ahora tabúes en su cinematografía como la homosexualidad, la transexualidad y la violencia de género.

    Otras

    Pilar Pérez Solano y su Las maestras de la República consiguieron el premio al mejor documental. Esta producción de FETE (Federación de Trabajadores de la Enseñanza) del sindicato UGT es un homenaje a unas mujeres que defendieron siempre, contra viento y marea, una educación pública, obligatoria, gratuita, activa, laica y solidaria. Proyecto eminentemente didáctico que mezcla el documental puro con la recreación histórica ha podido verse (y sigue haciéndolo) por todo el país con proyecciones y coloquios especiales.
    La apuesta, sorprendente a priori, de Juan José Campanella (El hijo de la noviaEl secreto de sus ojos) por el largometraje de animación fue recompensada con premio. Para conseguirlo tuvo que superar a una dura competidora, Justin y la espada del valor y, entre otros, al primer largo canario de animación de la historia, Hiroku. Defensores de Gaia. Futbolín se estrenó en el pasado festival de San Sebastián y, pese a las esperanzas depositadas en ella, ha sido uno de las grandes decepciones de la taquilla española en estas últimas Navidades.

    Técnicos

    Las brujas de Zugarramurdi ejerció de abusona en las categorías consideradas más técnicas. Sólo la magnífica y delicada fotografía de Pau Esteve para Caníbal impidió que la superproducción dirigida por Álex de la Iglesia hiciera pleno en esta parte de la ceremonia. Pero siete premios de ocho categorías no está nada mal, la verdad…
    Carlos Bernases recibió el premio a la Mejor dirección de producción por su trabajo en la cinta producida por Enrique Cerezo. Bernases ha sido director de producción de películas como Juana la loca (Vicente Aranda), por la que ya estuvo nominado en 2001 o la más reciente Drácula 3D (Darío Argento, 2012). Es su primer Goya. 
    Mejor montaje. El montador Pablo Blanco consiguió su tercer Goya en la que era su séptima nominación y se confirma como un referente en España. Antes lo había conqusitado gracias al trabajo realizado en Airbag (Juanma Bajo Ulloa, 1998) y No habrá paz para los malvados (Enrique Urbizu, 2011). 
    La fantasía barroca de Álex de la Iglesia tuvo su mejor traducción visual en los decorados de Arturo García y José Luis Arrizabalaga, Goya a la Mejor dirección artística. Ya lo habían logrado en 1994 con El día de la bestia.
    De nuevo, el lanzaroteño Paco Delgado y éste es otro que parece estar ejerciendo de abusón. Si el año pasado fue Blancanieves, esta vez sus diseños convirtiendo a Carmen Maura, Terele Pávez o Carolina Bang, entre muchas otras, en brujas contemporáneas le han valido el Goya al mejor diseño de vestuario. Superó en la terna final a otra canaria, la tinerfeña Tatiana Hernández que competía por Los amantes pasajeros.
    El arduo trabajo de maquillaje y peluquería, que incluyó, entre muchas otras cosas, el peculiar look dark de Carolina Bang o el enésimo cambio de sexo de Carlos Areces le valió el Goya a Francisco J. Rodríguez Frías, María Dolores Gómez Castro, Javier Hernández Valentín y Pedro Rodríguez.
    Charly Schmukler (ingeniero de sonido) y Nicolás de Poulpiquet (mezclas) se hicieron con el Goya al mejor sonido. Para Schmuckler, su tercera nominación fue la vencida. Todas ellas ha ido de la mano de trabajos de De la Iglesia -antes optó al premio por Crimen Ferpecto y Balada triste de trompeta-. 
    Y estaba claro que nadie iba a hacerle sombra tampoco en efectos especiales a Ferrán Piquer y Juan Ramón Molina. Para el primero, este año ha sido el de la venganza después de que en 2013 Lo imposible fuera un rival inaccesible. La pareja formada por Piquer y Molina lo habían conseguido ya, pero por separado y con dos películas de Álex de la Iglesia: 800 balas y Balada triste de trompeta.
    El único premio técnico que escapó a la omnipresencia de las brujas fue el de dirección de fotografía, aunque muchos (incluidos yo) expresará sus dudas sobre si estamos antes un premio técnico o artístico… Sea como fuere, el joven Pau Esteve se hizo con su primer reconocimiento importante por una fotografía inolvidable, entre conmovedora y misteriosa. Partía como favorito tras haber ganado en el festival de San Sebastián.

    Música

    El guitarrista de jazz Pat Metheny consiguió el Goya por la música original de Vivir es fácil con los ojos cerrados. La Academia se decantó por el músico estadounidense en un año en el que quedaba patente la ausencia de los grandes nombres del género en España: competían Emilio Aragón (A Night in Old Mexico), Joan Valent (Las brujas de Zugarramurdi) y Óscar Navarro (La mula).
    Y otro estadounidense, Josh Rouse, se llevó el premio a la mejor canción original por Do you really want to be in love? de La gran familia española. Este cantautor nacido en Nebraska y casado con española ya había colaborado con Daniel Sánchez Arévalo en su anterior película, Primos. Dejó en la cuneta a un rap, un tema de aires andaluces y, la opción más popular, la mexicana Julieta Venegas y su Aquí sigo (A Night in Old Mexico).

    Guionistas

    La noche de David Trueba empezó a despejarse con el premio a mejor guion original. Antes, había estado nominado por los libretos de La buena vida, Los mejores años de nuestra vida, La niña de tus ojos y Soldados de Salamina (este último, adaptado). Las peripecias de Juan Carrión, un profesor de inglés amante de los Beatles en la España de los 60, obraron el milagro. Para ello tuvo que superar a dos de las películas importantes del año: la comedia Tres bodas de más y el drama La herida.
    El cubano Alejandro Hernández y Mariano Barroso conquistaron el Goya a Mejor guion adaptado por Todas las mujeres.  Esta es una cinta pequeña y, sobre todo, atípica en nuestro cine, que comenzó siendo una serie y ha acabado, dos años después, en uno de los largometrajes más sorprendentes de la temporada. Hernández, que parece asegurarse un gran futuro en el cine español, competía además por el guión de Caníbal, coescrito junto a Manuel Martín Cuenca.

    Directores


    Ni La buena vida, ni Soldados de Salamina (con ambas estuvo nominado en categorías de dirección) ni mucho menos las ignoradas Obra maestra, Bienvenido a casa o Madrid, 1987, lo habían conseguido antes. Finalmente ha sido Vivir es fácil con los ojos cerrados quien ha dado el reconocimiento como director al pequeño de los Trueba, identificado tradicionalmente más con la faceta de guionista (quizá por la sombra poderosa ejercida por su hermano).
    Era uno de los premios cantados de la noche. La herida es un debut poderoso de alguien que hasta ahora era un montador, cortometrajista y director de algunos de los videoclips más deslumbrantes del pop español de los últimos tiempos. Para abrirse hueco como cineasta, Fernando Franco no ha buscado una historia nada fácil, pero la apuesta le ha salido bien. En la competencia final por el Goya a la Mejor dirección novel superó al Rodrigo Sorogoyen de Stockholm, al Jorge Dorado de Mindscape y a la Neus Ballús de La plaga. Una buena cosecha de debuts la de este año.

    Interpretaciones

    Una de las pocas sorpresas (siempre relativas en los Goya) de la noche fue asistir al encumbramiento de Natalia de Molina con su primer papel. Sorprende porque para hacerse con el Goya a Mejor actriz novel tuvo que superar, por un lado, a dos de esas ‘revelaciones’ que siempre aparecen en estos premios (actrices como Belén López y María Morales que llevan años trabajando pero que es ahora cuando la Academia decide prestarles atención): y, por otro, al fascinante doble papel de Olimpia Melinte en Caníbal, perjudicada sin duda por su condición de invitada extranjera a la fiesta.
    Cara conocida del cine y la televisión en España, su papel en la pequeñísima Stockholm de Rodrigo Sorogoyen le da el Goya a mejor actor revelación. A Javier Pereira lo hemos visto antes en Días azulesMi vida en 65 minutos u 8 citas, películas que pese a su carácter generacional no dejaron de ser minoritarias. Este premio es su gran oportunidad mediática. Y además es que es de los que caen bien…

    Las categorías de reparto se saldaron también con dos reconocimientos justos, aunque de muy distinto signo. La veterana Terele Pávez consiguió por fin su Goya (a la quinta) como mejor actriz de reparto y protagonizó uno de los momentos más emotivos de la gala con todo el patio de butacas en pie. Sus enérgicos trabajos con Álex de la Iglesia le han dado una segunda juventud a esta actriz, parte fundamental de nuestro cine, nuestro teatro y nuestra TV, que tiene en su haber trabajos tan importantes como Los santos inocentes (Mario Camus, 1983).
    Por su parte, Roberto Álamo, reconocido actor teatral, tuvo por fin su premio en cine como mejor actor de reparto. Ha sido su entrañable personaje en La gran familia española quien ha colocado a este actor entre los intérpretes destacados también en cine y, de paso, nos ha hecho olvidar el ‘resbalón almodovariano’ al que tuvo que enfrentarse en La piel que habito (sí, era aquel imposible brasileño disfrazado de tigre).


    Si el Goya a Fernando Franco estaba cantado, mucho más lo estaba el premio a Marian Álvarez como mejor actriz protagonista. Es extraña la carrera de esta intérprete que deslumbró a todo el planeta con su interpretación en Lo mejor de mí (Roser Aguilar), pero no ha acabado de tener el predicamento que se le presuponía. Para más inri, se covierte en reina de las actrices españolas sin pasar por la categoría de actriz revelación. Su Concha de plata en San Sebastián le servía prácticamente en bandeja este Goya y así fue. Queremos seguir de cerca su carrera.
    Y si los Goya hicieron justicia este año, uno de los agraciados fue Javier Cámara, mejor actor protagonista. Es uno de los grandes nombres de nuestro cine, pero su identificación con la casi siempre denostada comedia le habían negado el premio en cinco ocasiones. Tres veces nominado como protagonista (Hable con ella, Torremolinos 73 y Fuera de carta), es a la cuarta cuando lo consigue. El camino no ha sido nada fácil, teniendo que superar a dos interpretaciones que se han repartido los galardones de la temporada: la de Eduard Fernández en Todas las mujeres y la de Antonio de la Torre en Caníbal.

    Película


    Y se confirmó. En un año en el que no había ninguna gran favorita, parece haber ganado una opción correcta. Frente a la comedia (La gran familia española), el cine de autor más ‘a la europea’ (La herida y Caníbal) y la extraña cota de nominación que siempre tiene Gracia Querejeta (15 años y un día), premiar Vivir es fácil con los ojos cerrados como mejor película era una buena opción. Se reconoce a una película industrial en una época en la que han empezado a colarse, aunque aún de forma minoritaria, obras que nos hablan de nuevas formas de afrontar (por necesidad) la producción cinematográfica. Se premia una comedia, pero con tintes emotivos. Y, sobre todo, se reconoce, por fin, a su director y guionista y a su actor principal, dos tipos simpáticos que caen bien y que son capaces de hacer crítica sin salirse demasiado del tiesto… Era la opción correcta y así fue. ¿Habrá algo más ‘correcto’ que ser fan de los Beatles? Ahora la cinta tendrá una nueva oportunidad comercial en cartelera. Veremos si la aprovecha.

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