CINE DESDE LAS SOMBRAS


Observar. Grabar. Y apenas nada más. Había un espacio por vaciar y rellenar. Una vieja habitación cargada de armatostes, de restos. Un cuarto que se abre a lo nuevo, a lo incierto. Y un creador que quiere renacer una vez más, renacer de sus sombras personales. Un exorcismo personal filmado.

Poner la cámara, aprender a enfocar, mirar. Y grabar. Y luego nueva acción, pero ¿con nuevo punto de vista? Pensar mucho, pero ligero de equipaje, sin cargas, sin presiones, sin nadie a quien dar explicaciones. En la soledad, en la oscuridad de un mes de noviembre. Fuera, en la calle, los ruidos de la vida, los otros, las personas, las campanas… Dentro, el creador montando y desmontando, hablando, jugando, compartiendo.

Arrebato. Siempre Zulueta, siempre. Arrebatados en el gesto de mirar, ensimismados. “¿Cuánto tiempo estarías mirando este cromo?”, decía. Y ahora, ¿cuánto tiempo debe durar este plano sobre la pared?

El barroco, el siglo XVII, el siglo de la gran crisis del Imperio español, que se desmoronaba, descomponiéndose a cachos; el viejo régimen cayendo lentamente. Igual que ahora en nuestro tiempo comprimido y acelerado. Nuestra crisis. Y nuestra reacción. ¿Cómo hacer la revolución? ¿En la calle? ¿En el Facebook? ¿Enla cueva? Como los amantes ‘soñadores’ de Bertolucci, haciendo su mayo del 68 en aquel piso parisino. Aquí también cine político sin ser político.

Pintar, escribir, tocar, interpretar, filmar, clavar… ¿hay diferencias acaso? No hay nada más en este jardín, solo gestos desde las sombras, búsqueda, trazos, dudas, descubrimiento, emoción, pasos… ¿Y para qué? ¿Para quién? ¿Para ellos? ¿Para el público? ¿Y qué público? ¿O para el creador? ¿O para mí?

Poesía hecha pintura, hecha acción, instalación, performance, y ésta, a su vez, hecha cine.

Cine montado en la sombra. En la oscuridad de otra habitación, en la oscuridad del tiempo productivo y hasta en la oscuridad del orden tradicional de las cosas.

Ahora, por fin, saldrá a la luz, justo en los días más oscuros del año, cuando las tardes nos devoran, cuando la noche se apresura y el frío nos encierra; justo cuando las luces del mercado nos encandilan para transformar amor en regalos, en medio de nuestras oscuridades, estrenaremos por fin nuestro experimento.

Espero que alguien quiera transitar hasta perderse por este jardín y sus sombras.


El largometraje Jardín barroco, dirigido por Jairo López, sobre una intervención artística de Roberto García de Mesa, se estrena el viernes 12 de diciembre, en TEA Tenerife Espacio de las Artes. Podrá verse ese mismo día y el 13 y 14 en dos sesiones: a las 19 y a las 21.30 horas. 

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