Impulsos colectivos en los cineastas canarios

Por Jairo López

La semana pasada se presentó públicamente la Asociación de Cineastas de Canarias Microclima. La verdad es que la necesidad de vertebrar el sector audiovisual canario para defender al talento local era algo que llevaba demasiados años siendo una tarea pendiente. Solo en la década de los años 70 se logró poner en marcha un par de proyectos asociativos similares, como la Asamblea de Cineastas Independientes Canarios, la Asociación Tinerfeña de Cineístas Amateurs-ATCA o la maravillosa experiencia total del Yaiza Borges a caballo ya con los 80. Pero desde entonces, todo aquel espíritu de efervescencia colectiva se fue derrumbando hasta nuestros días. La poca unidad que hubo fue ya en el siglo XXI desde los productores (ACEPA primero, Clúster después). Los directores o productores independientes seguíamos yendo cada uno por nuestro lado, con nuestras batallas personales, con nuestras alegrías y cabreos con la administración o los festivales, con nuestras respectivas alianzas, amigos y grupos, y con nuestra forma de entender el cine. Microclimas aislados y diferentes en el frágil ecosistema del cine canario.

Con la crisis, los palos se multiplicaron y muchos hasta se apartaron del camino. Desde el año 2012, desaparecieron de manera fulminante todas las ayudas a la producción y al desarrollo de proyectos cinematográficos por parte del Gobierno de Canarias. Y al mismo tiempo las Islas se llenaron de rodajes, de helicópteros en Santa Cruz, de ballenas en La Gomera, palmeras en la nieve en Teror o faraones en el Cofete. Grandes despliegues que nos resultaban disparatados. Camiones llenos de focos que nunca utilizaríamos. Algunos nos aventuramos a probar el sabor de esa industria, pero nos resultó amargo, no nos convenció (a mí al menos), sobre todo por el ambiente que se respiraba y por los productos finales que salían de ahí: estupendamente fotografiados, impecablemente enfocados, limpiamente sonorizados… Vamos, como pocas pelis canarias consiguen. Y sin embargo, películas sin alma, instaladas en ese limbo irreal lleno de convenciones narrativas y exenciones fiscales que no nos llenan ni nos interesan (a mí al menos). Está bien para los foquistas, para los sonidistas, para aprender, pero eso no es el cine canario, aunque tenga un certificado oficial que así lo diga.

Ya en 2015, en ese festival que tanto admiramos (por su programación) y odiamos (por la siempre discutible selección canaria) como es el de Las Palmas de Gran Canaria, algunos empezaron a decir que la cosa no podía seguir así, que algo había que hacer, que eran muchos los frentes en los que trabajar, que ya está bien hombre. Y es que no, ese cine no nos representa. Hay más modelos. Y poco a poco, comenzamos a empoderarnos y a liarnos en esto de la asociación: un intento de carta protesta, un grupo cerrado de Facebook, unas reuniones, whatsapps, cadenas de emails, lluvia de nombres, Skype, estatutos, registros, más hangouts, más encuentros en festivales… imposible de ordenar ahora todo. Crecíamos a impulsos irregulares, a espasmos casi, sin orden aún, pero con ganas. Éramos un grupo pequeño, la mayoría canariones (para qué negarlo), muchos conocidos y amigos, otros no tanto, pero con objetivos comunes. Algunos decidimos incluso hasta dar un momentáneo paso atrás, porque no lo veíamos claro. Pero otra vez la demanda, la necesidad de unirnos, aunque seamos un puñado y representar a algo más que a uno mismo. Y así, en otoño de 2015, en la cima de un discurso político obsceno y abyecto, el Consejero de Economía de un gobierno supuestamente nacionalista confirmaba que la única ayuda que íbamos a recibir de ese ejecutivo para el 2016 era el fomento de los rodajes a las grandes superproducciones, vía exenciones fiscales y que cada uno se beneficiara de eso como buenamente pudiera. Es decir, la ley de la selva del libre mercado para lo que nosotros entendemos como un bien cultural que debe apoyarse desde lo público. Ni rastro de un cine que “represente un tiempo y un lugar propio”, como les gusta decir al presidente de la Asociación, Víctor Moreno.

Varios miembros de la ACCM en la Mesa redonda de de cineastas y gestores canarios durante el Festival Tenerife shorts 2015 - Foto de Javi Felipe.jpg
Varios miembros de la ACCM en la mesa redonda de cineastas y gestores canarios durante el Tenerife Shorts 2015. Foto: Javi Felipe.

 

Y ahí nos plantamos. Porque los cineastas, pese a todo, estamos acostumbrados a trabajar en equipo. No somos como poetas o pintores, creadores en soledad. El cine es comunicación con un equipo durante mucho tiempo. Además, desde 2005, yo ya había diluido parte de mi yo particular para construir el yo colectivo de Digital 104. Sé lo que es eso, luchar por un proyecto común. Y merece la pena, pese a todo, pese a las críticas que digan que la asociación no es representativa, que por qué cineastas y no todo el sector, que por qué ese nombre, que por qué esa directiva, que por qué el cine como bien cultural y no el cine a secas…

Pues esta, señores y amigos, es la asociación que hemos logrado crear el puñado de 15 personas durante este tiempo en medio y hartos de esta jodida crisis. Es la mejor que hemos podido hacer. A mí sí me representa y creo que también a muchos compañeros. Diría que a la mayoría. Y no tiene por qué ser la única. En otras comunidades más desarrolladas existen numerosos y diferentes tipos de asociaciones. Yo me siento orgulloso ya del camino emprendido y sé que esto solo es el principio de una larga lucha para dignificar al cine en estas islas periféricas, para tratar de sacarlo de la precariedad, de la miseria en la que llevamos tantos años metidos (parece una eternidad). Yo intentaré aportar mi granito, dando mi impulso, gracias a la experiencia de estos 10 años en Digital 104 como director y también como productor, distribuidor, programador y hasta investigador del trabajo de otros compañeros.

No somos Galicia, no somos Cataluña, no somos el País Vasco ni Andalucía. Pero hemos logrado empezar por algún lado y ya nos han llegado decenas de emails de personas interesadas en adherirse o apoyar la Asociación. Otras me han dicho: ya era hora, estaban tardando demasiado. Y es que nadar a contracorriente cuesta. Ahora la Asociación tiene por delante la tarea de aprovechar este impulso, más colectivo que el fundacional, de repartirnos y reforzarnos con este nuevo capital humano; de no renunciar a nuestros microclimas propios, pero en un ecosistema más fuerte.

 

La Asociación de Cineastas de Canarias Microclima está también en redes sociales como Facebook y Twitter.

Foto de apertura: Víctor Moreno habla durante una reunión informativa celebrada en el Festivalito 2015. Foto: Haliam Pérez.

 

 

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