“Cuando tienes claro adónde quieres ir, todo es una oportunidad”

El cineasta Javier Fesser abrió la MIDEC 2016 con una sesión especial dedicada a su trayectoria como cortometrajista

La MIDEC, la Muestra Internacional de Cortometrajes de la Universidad de La Laguna, se abría este año con un invitado de lujo. El cineasta madrileño Javier Fesser participó el pasado 10 de mayo en una jornada especial en la que pudimos ver algunos hitos de su carrera como cortometrajista y dialogar con él. Fue una larga sesión que se pasó en un suspiro, una clase magistral sin formato de clase, en la que un cómodo Fesser nos contó con humildad y humor algunos secretos de su carrera y de su forma de ver el cine. Este es un resumen, necesariamente incompleto, de parte de lo que se vivió allí.

Lo dijo el propio Fesser en la presentación: Las películas que pudimos ver en el Salón de Actos de Magisterio eran “una muestra de la evolución de muchas cosas, entre otras, también del cortometraje en sí”. Porque en la sesión se habló de la obra de Fesser, pero sobre todo se habló del cortometraje, “un laboratorio perfecto para jugar, para hacer cine sin tener miedo a meter la pata”, un formato que “comulga de una variedad enorme que es difícil de encontrar en el mundo del largometraje. Cuando el objetivo no es el comercial y no es el estrellato emerge más la honestidad”. Es una buena forma de empezar, ¿no?

Un debut ‘tardío’

La noche arrancaba con la proyección de Aquel ritmillo, la ópera prima de Fesser en el mundo del cortometraje. “Qué gusto dar ver que hemos ido aprendiendo algo”, señaló con sorna nada más tomar la palabra. El cortometraje cuenta la historia de un anciano (Luis Ciges) que, en el ocaso de su vida, rememora los años que pasó como detective-inspector en Electrodomésticos Prim y ‘aquel singular sentido del ritmo’ que poseía al caminar.

“Fue el primer rodaje de ficción de todos exceptuando a Luis Ciges, que era un actor más que consagrado y al director de fotografía, que era Javier Aguirresarobe. Todos hemos ido aprendiendo mucho excepto César Macarrón -el director artístico-, que ya en este primer trabajo era un monstruo”, comenzaba Fesser. Es cierto que en Aquel ritmillo destaca especialmente la forma, lo que Fesser denomina “desarrollo de un concepto visual” que alcanzaría su punto más alto en el largometraje El milagro de P. Tinto. Macarrón y el propio Fesser seleccionaron con mimo los objetos y se autoimpusieron una interesante regla: “Todo lo que apareciera en la pantalla tenía que ser fruto del reciclaje. Conseguíamos así que tuviera esa cosa reconocible y doméstica y cercana que te da el hecho de que parece que los has visto alguna vez”. Entre los referentes que reconoce Fesser, los tebeos y Delicatessen -”una película que a César y a mí nos volvía locos”-.

“Los objetos para mí son muy importantes. Quizá me viene del trabajo en publicidad donde a lo mejor tienes que extraer belleza de un pack de 4 yogures”, comentó Fesser. Y dentro de los objetos, hay una pasión indisimulada por lo vintage. “Es que para mí, cuando pones un objeto delante de la cámara, si es más moderno, más cerca de nuestra vida cotidiana, me inspira menos. Todo este mundo con su capa de roña, este mundo vivido y gastado y arañado, es especialmente agradecido”.

Del protagonista, el ya fallecido Luis Ciges, destacó que “tenía algo que no es exactamente interpretar, una personalidad muy especial. Transmitía algo magnético, además de esa mezcla de diversión y ternura”. Los caminos de Ciges y Fesser se cruzaron y gracias a ello, el actor pudo ser protagonista por primera vez en su carrera.

El debut, en el cortometraje de ficción profesional, le llega a Fesser después de muchos años dedicado a la publicidad. No estamos ante la historia que en los 90 sería más común, la de ese estudiante de Imagen que acaba la carrera y hace un primer corto o incluso de aquel otro que rueda su debut en sus años de estudiante y acaba abandonando sus estudios. “Estudiaba primero de Ingeniería Naval cuando mi hermano me regaló una cámara súper 8. Fue un flechazo absoluto y ahí cambié de carrera e hice Ciencias de la Información que era lo más parecido a cine que había en ese momento y me podía permitir. Lo que hice fue empezar a trabajar en todo aquello que tenía que ver para aprender. Creo que menos de maquillaje he estado en todos los lugares de un rodaje, haciendo grandes desastres y entendiendo que siendo director era el único lugar de una película de donde no me podían echar…”, comenta Fesser con humor. “Después, con tres amigos tuve la oportunidad de crear una pequeñita productora para hacer vídeos. Empecé haciendo vídeos industriales. A mi me encantaba hacerlos porque en todo veía la oportunidad de aprender. Cuando tienes claro a donde quieres ir todo es una oportunidad”. Los recuerdos de algunos de los primeros trabajos de esta productora contados por Fesser son descacharrantes, como esa boda que ,quiso grabar de forma ‘cinematográfica’, con travellings y primerísimos planos y fue un desastre.

A continuación, dio el salto a la publicidad y “con el dinero que ganábamos fuimos ahorrando para poder hacer este corto”. Eran otros tiempos, cuando rodar, aunque fuese un corto, era bastante complicado y muy caro. “La publicidad me permitió perderle el miedo a rodar. Porque rodar es algo aparatoso. Piensas una cosa sencilla, pero luego resulta que el día del rodaje por la mañana, cuando llegas, hay cuatro camiones aparcados y 40 personas… Impone y acojona y la publicidad te permite rodar mucho, rodar muy a menudo, rodar cosas muy diferentes y perderle el miedo a toda esa parafernalia y dedicarte a lo que tienes que dedicarte, a dirigir”.

La apuesta salió muy bien. Aquel ritmillo se convirtió en uno de los cortometrajes españoles más premiados de la temporada. Aquella época Fesser la recuerda con una mezcla de sensaciones. Por un lado, “con la arrogancia del que es jovencito y hace un corto y le dan 20 premios y entonces cree que es el rey del mambo”. Por otro, como una experiencia no tan positiva y que desembocó en la creación del Notodofilmfest: “Lo que más deseaba de los festivales era aprender de los demás, encontrarme con gente con las mismas inquietudes y estilos y escuelas distintas. Pero en general sólo encontré competencia. Abundaba el deseo de que los cortos de los otros fueran malísimos para que el tuyo destacara. Luego la vida te va enseñando que es justo al contrario, que cuanto mas brille el de al lado, mejor para ti. Cuanto mayor talento tengan los demás, mucho mejor para ti porque suben el listón y porque vas a aprender”, recuerda. De ahí surgió un festival online que pretendía, sobre todo, quitarle hierro a esto de hacer cine y compartir.

Unicef, Senegal y los Óscar

Binta y la gran idea fue la segunda película en proyectarse. En este cortometraje de 30 minutos, que formó parte del largometraje colectivo En el mundo a cada rato, Fesser ‘retrata’ un proyecto de Unicef de educación para niñas en Casamance, en Senegal. “Iba a ser un documental, pero yo iba pensando en un lugar muchísimo más complicado, con una guerra civil que continuaba desde hacía 25 años, y allí nos encontramos que la alegría, el optimismo y la celebración de cada día que pasa es algo que se vive y se palpa. Era evidente que era lo más importante a destacar y de lo que aprender. Entonces, con la misma información y datos que teníamos para hacer el documental ordenados de alguna otra forma y añadiendo esta pequeña idea de adoptar a un tubab -como se le denomina a un occidental en Senegal-, armamos un cuentecito. Porque además, otra de las cosas que yo detecté enseguida y que no en todos lados ocurre, es la facilidad que íbamos a tener para hacer una ficción”, asegura Fesser. Y eso, a pesar de -o quizás debido a- su inexistente relación con el cine: “No es que no hubieran hecho nunca una película -recuerda-, sino que no habían visto una e incluyo en esto también a los adultos. Había una inocencia y una virginidad en todo esto que me ponía muy alto el listón de responsabilidad a mí como realizador. Lo que tienes delante de la cámara es muy poderoso, muy de verdad y vale mucho. Retrátalo bien, tío, porque lo merece. No puede haber más aliciente que ese para sacar todo lo que uno puede dar”.

Un equipo mínimo de cuatro personas (director, productor, director de fotografía y sonido) ruedan durante tres semanas (en realidad dos, porque la primera es para definir la historia). “Se trataba de utilizar lo que sabes a hacer, que es contar historias, para contar historias de otros y no desde tu punto de vista sino tratando de que sea desde el suyo”. Porque Binta es en la trayectoria de Fesser un cambio de registro importante: “Todos tenemos nuestro mundito limitado, nuestras cositas que contar, y una vez que exploras este mundo y tienes la suerte a través del cine de compartir lo que tienes en la cabeza, luego viene otra etapa magnífica que es empezar a interesarte por las historias de los demás y poder dar voz a esto que me interesa mucho más que lo que tengo yo en la cabeza. Me parece interesantísimo indagar sobre otras historias que te son ajenas y hacerlas tuyas, que es la única manera de convertirlas en película”.

Aunque dice reconocerse en todo lo que ha hecho, afirma, en referencia a las diferencias entre Aquel ritmillo y Binta y la gran idea, dos trabajos separados por una década, que uno de los aprendizajes esenciales ha sido que “la estética y la técnica están bien, pero para aplicarlas siempre a una historia. Por encima de todo están los personajes y lo que les pasa. Que la evolución me haya llevado precisamente hacia la sencillez es algo que me satisface bastante”.

Y llegó la nominación al Óscar en un año en el que coincide curiosamente con otro español, Borja Cobeaga (con el cortometraje Éramos pocos). Ninguno de los dos se llevó el premio. “Haciendo este corto lo último que podíamos imaginar es que nos llevara a una nominación a un Oscar. Una vez terminado tuvo una vida en festivales espectacular y sobre todo en EEUU y Canadá, donde especialmente les llegó por lo que fuera. Y con toda esa circulación por festivales parecía factible presentarlo a las nominaciones de los Óscar y tuvimos la inmensa suerte de estar ahí nominados y alquilar un esmoquin para ir a Los Ángeles a ver si caía esa breva”, relata. Es un hecho indudablemente alegre y que al cineasta le llena de orgullo aunque acaba concluyendo que “comparado con las satisfacciones que es capaz una película de darte, lo de los premios tiene más que ver con una cosa personal de ego que a uno le va aburriendo cada vez más”. Eso sí, el relato de su experiencia en los Óscar es otro de los momentos divertidos de la tarde, una noche en la que la decepción dio paso enseguida a la enseñanza: “En el momento exacto en que se dice ‘Y el ganador es…’ y no escuchas el título de la película, en la cabeza me ocurrió algo que me hizo comprender que en el fondo qué más da, que ese premio te lo lleves tú o se lo lleve el de al lado. Me gustó ese momento porque algo en algún lugar me dijo qué suerte tienes de estar ahí, date con un canto en los dientes”.

Si algo se trasluce del diálogo es que Binta tiene un hueco muy especial en el corazón de Fesser: “Es una película por la que hubiera pagado mucho por hacerla y tuve la suerte de que me dejaran hacerla gratis. Creamos un vínculo con ellos enorme y he ido después de este rodaje seis veces. Cuando acabamos la película lo primero que hicimos fue ir allí a mostrársela a ellos y aprovechamos esa circunstancia para crear un pequeño proyecto que se llama el Pequeño Cine Ambulante de los Niños de Casamance, que es una forma de llevar películas a estas aldeas remotas donde no llega nada.”

Pionero en Internet

Javier Fesser es esencial para el corto en España no sólo por su trayectoria como cineasta sino también por haber ideado el Notodofilmfest, un festival de cortometrajes on line que cambió muchas cosas del sector en nuestro país y que hoy, catorce años después de su nacimiento, se mantiene con toda la energía. En la proyección pudimos ver La cabina y Hombre de color, dos trabajos que Fesser hizo como miembro del jurado -una de las tradiciones peculiares del certamen- y la webserie completa Javi y Lucy, toda una revolución en la época y la que es, para el propio Fesser, uno de los orígenes del Notodofilmfest.

Los capítulos de Javi y Lucy “son cortos caseros 100%, que hice durante la escritura de mi segunda película, Mortadelo y Filemón, con mi hijo y esta señora, Lucy, que le cuidaba y era un espectáculo. Los hice con una minidv, recuperando un poco ese gusanillo que sentía con el súper 8 cuando estaba haciendo cine casero y estaba investigando”, describe Fesser. “Un día probé a grabar a Lucy pegando una patada a un muñeco y luego hacer el cambiazo en el ordenador con la imagen de mi hijo Javi y se convirtió en este alijo de capitulillos que habéis visto. Fue además el laboratorio inicial para todo el trabajo de acción física que desarrollamos después en Mortadelo y Filemón“.

“El primer experimento lo subimos a Internet no me acuerdo ni dónde ni cómo y tuvo una repercusión espectacular -recuerda Fesser-. Entonces volví a repetirlo con su musiquita en formato corto, lo estrenamos en la página de Gomaespuma y pensé que podía tener una periodicidad esta pequeña tontería, se lo contamos a Plus.es y les pareció que era buenísimo para potenciar su nueva página. Iba rodando y subiendo. La inmediatez era uno de los alicientes de la producción. Lo grabábamos por la mañana, lo montaba por la tarde y esa noche o al día siguiente ya se los mandaba a Plus.es para que los colgaran”, afirma Fesser. “Donde realmente dedicaba tiempo era en la compresión del capítulo. Porque era todo un mundo en 2001. Fijaos que en la primera edición del Notodofilmfest había un premio especial a la mejor relación calidad-peso. La compresión en los primeros años de festival llegó a marcar bastante la narrativa: el plano fijo consume mucho menos que el plano en movimiento, el blanco y negro menos que el color. Luego toda esta limitación desapareció por suerte y ahora mismo no es un problema ni mucho menos”.

Y es que la evolución tecnológica vivida en estos 14 años se ha reflejado de forma inevitable en la evolución del festival. “Además del desarrollo tecnológico que ha permitido que las producciones acaben teniendo una factura completamente profesional, también ha habido una evolución enorme e interesantísima en la plataforma y en Internet. En el 2001, cuando surgió el festival, que fue también cuando estaba Javi y Lucy en Internet, el acto voluntario de bajarte un archivo como estos tenía su valor. Yo trataba que estas peliculitas -los capítulos de Javi y Lucy– no pasaran de los 5 o 6 Mb y eso requería igual 15-20 minutos de conexión para bajarte el vídeo y estar, mientras, sin teléfono en casa. Tenía bastante mérito que este primer capítulo tuviera un millón de descargas. Son cifras que ahora no se pueden comparar con nada”.

Fesser, es importante reseñarlo, sigue siendo un firme defensor de su criatura, del Notodofilmfest, a la que sigue considerando “una ventana de aire fresco e inspiración y de ideas impagable”. Hablamos de cómo ha visto la evolución en el propio certamen: “Hay una evolución evidente de toda la industria que es la tecnológica, pero realmente eso es un poco lo de menos. Lo de más es la evolución en la narrativa, que hay cientos de autores, de directores y directoras que participan en el festival y cuentan estas historias con el lenguaje del cine manejándolo de una forma magistral. Cuando se proyectan en pantalla grande los cortos finalistas es la confirmación de que hay muchísimo cine ahí, ya no sólo talento o ganas, sino tablas”, defiende con pasión. Esa búsqueda de nuevos talentos y de nuevos caminos de difusión para el cine en corto encajan a la perfección con el ánimo de Javier Fesser, un cineasta que nunca ha abandonado el cortometraje y que pareciera seguir necesitándolo como un refugio de creatividad y honestidad. Por eso, quizás, nunca lo ha abandonado y no parece, nos atrevemos a aventurar, que vaya a dejarlo nunca. Nosotros que nos alegramos.

 

Todos los cortometrajes de Javier Fesser proyectados en esta sesión (y muchos más de sus trabajos) pueden verse en el canal de Youtube de su productora, Películas Pendelton.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s