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Tenerife Shorts, un festival necesario

Por Jairo López.

Septiembre llegó a Tenerife con una nueva edición (y van cuatro) del Festival Internacional de Cortometrajes Tenerife Shorts. Fueron también cuatro las sesiones de proyección celebradas en el Teatro Guimerá para conocer las últimas tendencias mundiales del cortometraje, además de la jornada inaugural (con sesión canaria y concierto) y la de clausura (con cortos familiares y la entrega de premios).

Como viene siendo habitual, en la programación abundaban los cortos estrenados en Cannes, Berlín, Locarno, Vila do Conde, etc. Una cuidada y exigente selección de 21 piezas que definen el espíritu del certamen. Su apuesta es, como dice su director, “programa, programa, programa”.  Y es que en Tenerife Shorts no encontrarás photocalls, ni homenajes blandamente cinéfilos o frikis, ni discursos políticos, ni cócteles, ni casi nada más que las proyecciones (salvo el citado concierto y la habitual mesa redonda). Por no haber, llevamos unos años sin presentaciones antes de los bloques de proyección en los que no hay directores invitados, cosa que yo personalmente echo en falta (esa bienvenida en persona, la explicación de lo que se va a proyectar, etc.).

En ese programa, convertido en radiografía del ser humano contemporáneo, pudimos disfrutar de verdaderas joyas, para mí demasiado concentradas en el tercer día, sábado 10 de septiembre, en contraposición al segundo, viernes 9, más irregular. Mi momento personal más intenso fue el visionado de la emocionante A liña política, pieza dirigida por Santos Díaz que distribuimos desde Digital 104 Film Distribution pero que podía ver por primera vez en pantalla grande; seguido de la irresistible oda a la belleza de  Timecode, ganadora en Cannes y por cierto ya disponible en alguna plataforma de TV; y rematado por la obra más larga de todo el festival, Yo no soy de aquí, codirigida por Maite Alberdi y Giedrė Žickytė, para mí la mejor del certamen, aquella que me atravesó hasta lo más profundo con una inalcanzable verdad (vital y cinematográfica). En este enlace se puede ver este cortometraje, no sé si de forma permanente: http://nyti.ms/2d36RaM

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‘Yo no soy de aquí’ (Marta Alberdi y Giedrė Žickytė).

Otros títulos que me interesaron fueron los documentales Un cuento de amor, locura y muerte, Plataforma de diez metros o Amenazas simbólicas; y las ficciones Import, ganadora del premio del jurado, un corto ‘muy Tenerife Shorts’, y Audition.

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‘Hopptornet / Plataforma de diez metros’ (Axel Danielson y Maximilien Van Aertryck).

 

Este año me pareció que había quizás un exceso de obras experimentales, aunque también puede que la cosecha fuera mayor o mi tolerancia menor. Este tipo de cortos suelen interesarme menos por su lejanía respecto a la emoción humana y su total entrega al juego formal posmoderno. Rescato no obstante la Balada de um Batráquio y Le park como los títulos que más me cautivaron de este heterogéneo grupo. En el lado de las decepciones, no comprendí nada de las propuestas de la seleccionada en Locarno Las vísceras, ni del anunciado estreno mundial Espectáculos variados para eventos varios part 1, que me resultaron erráticas, impostadas y por lo tanto soporíferas.

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‘Le Park’ (Randa Maloufi)

De la sección canaria, me quedo con la coherencia de la selección, aun mayor que la del año pasado. Este año, las cinco obras apostaban decididamente por la búsqueda de una expresión narrativa contemporánea.

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Los directores canarios seleccionados presentan sus trabajos.

Valorado en su conjunto y comparado con otro rápido análisis de este blog sobre la primera edición en 2013, creo que el festival necesita reforzar sus estrategias de comunicación, alianzas y vínculos institucionales (o crear nuevos) para mantener la fidelidad del público, y que el ambiente festivalero crezca. Además, como viene siendo desgraciadamente habitual, fueron más numerosos en las proyecciones los directores grancanarios desplazados desde la isla vecina, que los tinerfeños. También da la sensación de que las mesas redondas planteadas estos años no terminan de cuajar (o sí, es difícil de saber), pero quizás pueda resultar  más interesante sacar el jugo a los invitados retomando el formato masterclass, como en aquella sesión con Chema García Ibarra.

El Tenerife Shorts debe existir y crecer porque es un festival necesario para esta isla y esta ciudad. Necesario para tomar el pulso al cine contemporáneo, a los nuevos autores. Necesario para enfrentarnos a nuestros miedos, paranoias, deseos y sueños en pantalla grande, para reflexionar y emocionarnos sobre nuestra condición humana, sobre nuestro tiempo presente. Necesario para ampliar nuestra deformada mirada hacia las otras culturas no occidentales, siempre presentes en el certamen: otras preocupaciones, otras formas. Necesario e imprescindible para seguir siendo ciudadanos críticos, activos, pensantes, pero también felices, empáticos y emocionables.

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2 comentarios en “Tenerife Shorts, un festival necesario

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