Volvimos más libres de Agadir

Por Jairo López

‘¿Qué hacíamos exactamente en Agadir?’. ‘¿Por qué quiso el Festival International Issni N Ourgh du film amazigh realizar una muestra de cine canario contemporáneo?’. ‘¿Qué esperaba conseguir con ello su director, Rachid Bouksim?’. Eso nos preguntábamos. El festival ya había seleccionado dos cortometrajes canarios ambientados en la vida cotidiana de los antiguos canarios y rodados en variantes del tamazigh -lengua bereber que se considera la más próxima a la de Canarias en la época prehispánica-: Aman de Estrella Monterrey y Mah de Armando Ravelo.  Pero, ¿por qué dar este paso de montar una sección especial e invitarnos a algunos cineastas al evento?

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Los cuatro cineastas canarios que asistieron al festival. De izqda a dcha, Jairo López, Estrella Monterrey, Jose A. Alayón y Amaury Santana.

Allí estábamos pensado eso en el Hotel Almoggar de Agadir los cuatro directores que finalmente pudimos viajar a Marruecos: Estrella Monterrey, Jose Alayón con Slimane, Amaury Santana con Con cuatro cuerdas y yo con Modernos. Era 31 de octubre y en todo el mundo occidentalizado se decoraban los cementerios y se celebraba la noche de Halloween. En ese hotel no había ninguna calabaza con velas, se podía fumar -cosa que a unos pocos kilómetros al este está prohibido- y era uno de los pocos lugares donde se podía beber una cerveza -algo casi imposible en el resto de cafeterías del país-. Rachid Bouksim nos dio la bienvenida. Nos habló mucho de los imazighen (o amaziguíes), esos habitantes originales de la región, que aunque fueron desplazados primero por los árabe-musulmanes y luego por los franceses, son la población mayoritaria del país. Nos recordó la definición etimológica de ‘amazigh’: “hombres libres”. Ahora, tras años de lucha, aquellos hombres libres han logrado que Agadir sea declarada capital de la cultura amazigh y que su lengua sea considerada co-oficial. Está muy bien, pero seguíamos sin tener claro por qué tantas atenciones, por qué nosotros, cuando la mayoría no hemos rodado en esa lengua.

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El logo de Digital 104 Film Distribution en el catálogo del festival.

Al día siguiente arrancó el Festival. El logotipo de Digital 104 Film Distribution estaba por todas partes. Es cierto que nos habíamos encargado de gestionar la muestra canaria que completaban otros títulos, pero era más de lo esperado. La ceremonia de inauguración fue también desbordante, con muchos militares, discursos, reivindicaciones y periodistas. Acabamos dando las gracias en el escenario con un ramo de flores y una preciosa placa conmemorativa. Realmente éramos los invitados de honor del festival y nos trataban con un cariño al que no estamos acostumbrados.

Nosotros nos dejamos llevar y descubrimos también algunas cosas. Por ejemplo, lo mal que regateamos, que el concepto del taxímetro no va con la cultura árabe o el enorme interés que despierta la cultura y literatura de Canarias. Me sorprendió que varias personas ya conocían a algunos de nuestros ‘Modernos’, como Pedro García Cabrera. Nos embriagamos también del olor de la ciudad como a madera recién cortada, descubrimos su fantástica universidad llena de vida, nos relajamos ante su caos perpetuo y el alboroto durante las proyecciones y coloquios, nos deleitamos ante el gusto exquisito por la decoración lineal y nos espantamos un poco con su estilo kitsch para el arte figurativo y algunas discotecas. También nos sorprendimos de sus rostros, tan similares a los nuestros (o los nuestros a los de ellos) aunque tuviéramos ropas diferentes. O de símbolos iguales, que vemos en grafitis en sus ciudades y en las nuestras.

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Con alumnos de la Licenciatura de Escritura y Análisis Cinematográficos y Audiovisuales de la Universidad de Agadir.

Hablamos mucho entre nosotros. Pensamos sobre la cultura amazigh. El consenso actual sostiene que la población original de Canarias era de procedencia amazigh (o bereber, como los denominaron despectivamente los romanos, porque querían decir ‘bárbaros’). Esa conexión se rompió abruptamente con el redescubrimiento y Conquista de las Islas por la Corona de Castilla en el siglo XV, y toda la historia cambió: aunque situados a menos de 100 kilómetros de la costa africana y a casi 1.000 del punto más cercano del continente europeo, Canarias es ahora España, es Europa, es el mundo occidental, es la tradición cristiana. ¿O no?

Los medios de comunicación recogían noticias de la gala y de los cineastas canarios durante varios días. Muchos agadireños y cineastas africanos descubrieron el cine canario. En la habitación del hotel aparecía Estrella o los chicos de Slimane y el camarero del restaurante nos reconocía y mimaba. Hasta el jurado acabó concediendo al cine canario a concurso tres premios en su palmarés.

Al regresar del viaje en avión, que dura poco más de una hora, teníamos la extraña sensación de venir de muy lejos y al mismo tiempo desde muy, muy cerca. Estaba claro que Rachid quería que en Marruecos se recordara esa antigua unión, que el territorio amazigh se expandiera en el mapa. Y de paso, lo había conseguido también en nuestras cabezas. Eso lleva a otras puertas, a refrescarnos la pregunta sobre de dónde venimos, y, por lo tanto, a replantearnos otra vez, ni más menos, qué somos y adónde vamos. Puede que demasiado para un viaje de cinco días…

Ahora, con el paso de las semanas, he descubierto que otros pueblos periféricos y en su momento minoritarios, como los francos o los romaníes, en su definición etimológica, significan también: “hombres libres”. Más allá de etiquetas culturales o identitarias, de debates históricos, reivindicaciones políticas o preguntas filosóficas, creo que esa simple y bella definición es algo que nos puede servir de respuesta a los que vivimos en los márgenes geográficos y de poder cuando nos preguntemos qué somos.

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Bolso del festival con escritura amazigh.
Dentro del festival Issni N Ourgh du film amazigh pudieron verse los largometrajes Con cuatro cuerdas, de Amaury Santana y  Modernos. Teatro de vanguardia en Canarias, de Jairo López  y los cortometrajes Todo tiene su hora, de Oscar Santamaría y Marine Discazeaux, Melodrama, de Cayetana H. Cuyás y Cris Noda y Ridícula, de Domingo J. González. Además, concursaron en sección oficial el largo Slimane, de Jose A. Alayón; y los cortos Aman, de Estrella Monterrey y Mah, de Armando Ravelo.
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