Nuestras 9 de 2018

Nos queda un último fleco del 2018 que resolver en el blog en este comienzo de año. Hoy compartimos el tradicional post en el que cada uno de nosotros recupera las 3 experiencias cinematográficas vividas en los últimos 12 meses. No se trata, como siempre subrayamos, de las mejores películas del año, sino de tres experiencias que delante de una pantalla han marcado a los miembros de Digital 104. Y no es necesariamente lo mismo…

Jonay elige…

Isla de perros, de Wes Anderson

“Wes Anderson lo ha vuelto a hacer. Con Isla de perros es capaz de trasladar su particular e identificable universo visual, sus traumas familiares, así como sus filias y sus fobias, de manera tan brillante que no importa la técnica empleada. Tras Fantástico Sr. Fox, estrenada allá por 2009, vuelve a repetir con la animación para abordar problemáticas sociales a través de animales humanizados, siempre sin dejar de lado su imprescindible humor y conseguir el ya habitual sabor agridulce que nos regalan sus películas y que jamás decepcionan”.

La ciudad oculta, de Víctor Moreno

“Tras Holidays y Edificio España, Moreno vuelve a la carga con La ciudad oculta, su tercer largometraje. Con esta película, fiel a su estilo más observacional y contemplativo de la realidad, se adentra (nos adentra) en los subsuelos de las urbes para iniciar juntos un viaje en vertical y descubrir unas realidades tan desconocidas como hipnóticas, extrapolables a nuestro interior más oculto y desconocido. Una película sensorial apta para los cinco sentidos”.

Muchos hijos, un mono y un castillo, de Gustavo Salmerón

“Todas las familias tienen algún personaje digno de protagonizar una película y la del actor Gustavo Salmerón tampoco se salva, más bien todo lo contrario. Gracias al material de archivo familiar y sobre todo a haber sabido identificar el aquí y ahora para grabar con su cámara doméstica y su teléfono móvil una serie de disparatadas desgracias consigue dejarnos perplejo con cada secuencia usando a su propia madre para vertebrar este divertidísimo y recomendable documental. Después de verlo, nuestra familia jamás nos volverá a parecer rara”.

Domingo elige…

Winter Brothers, de Hlynur Palmason

“Winter Brothers fue mi descubrimiento de este año en el Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria -pasar un par de días en el certamen siempre da para algún hallazgo-. Los dos hermanos del título viven juntos en un invernal pueblo perdido y trabajan en una deprimente mina. Sólo se tienen el uno al otro, pero la rivalidad dormida entre ellos puede estallar en cualquier momento… Palmason consigue trasladarnos a través de las localizaciones y la fotografía y de un especial cuidado del sonido a un universo opresivo, a una tensa cotidianidad siempre al borde del desastre. Y las maravillosas interpretaciones de sus protagonistas revisten la tragedia de dolorosa humanidad. De esos puñetazos cinéfilos que no se olvidan fácilmente”.

En busca del Óscar, de Octavio Guerra

“Había muchísimas ganas de ver lo nuevo del grancanario Octavio Guerra y el Tenerife Shorts nos ofreció al fin la oportunidad de disfrutarlo en pantalla grande. Las situaciones absurdas que se desprenden de las peripecias de un crítico de cine que no ve las películas que analiza crea un arranque antológico, divertidísimo, en el que los gags se suceden y apenas dan descanso al espectador. Pero lo mejor de En busca del Óscar es cómo consigue que esa hilaridad vaya tiñéndose poco a poco de humanidad y así la comedia pura va dejando cada vez más espacio al drama cotidiano, la sonrisa se va congelando y el personaje protagonista va creciendo en aristas. Es esta una película muy medida, pero en la que todo parece fluir de forma orgánica”.

Mira lo que has hecho, de Berto Romero

“En esa burbuja de la producción propia de Movistar +, llena de nombres de postín del cine español, la presencia de Berto Romero como creador podía sonar al menos extraña. Las dudas iniciales se disipan pronto al ver Mira lo que has hecho. Más allá de la obvia identificación personal con algunas de las situaciones que plantea y del juego/confusión entre realidad y ficción que empieza a ganar protagonismo en España (El fin de la comedia, Qué fue de Jorge Sanz), aparece entre mis tres experiencias del año porque es un verdadero manual de cómo hacer una comedia divertidísima y adulta, que aprovecha la carismática personalidad de su creador/protagonista, que no se arredra ante la dictadura de lo políticamente correcto en la que vivimos y que, encima, nos regala un gran descubrimiento: Eva Ugarte”.

Jairo elige…

La maldición de Hill House, de Mike Flanagan

“Este año ha sido mi peor año cinematográfico como espectador desde hace lustros por muchos motivos. El principal, producir nuestro primer largo de ficción. Por eso, el refugio de las series de TV. Entre ellas, destaco el impacto y el disfrute de esta maravilla producida por Netflix y dirigida por Mike Flanagan. Lo que empezó siendo una revisión del cuento de terror de la casa embrujada, se reveló pronto como un magistral drama familiar lleno de capas, personajes, puntos de vista, traumas y verdad. El final del capítulo 5 (‘La señora del cuello roto’) y todo el 6 (‘Dos tormentas’) construido sobre un puñado de planos secuencia me lo guardo como lo mejor de este 2018”.

La peste, de Alberto Rodríguez

“De la ya inabarcable ficción catódica española, me dejé atrapar por la impresionante producción histórica orquestada por Alberto Rodríguez. Nunca pensé ver el Siglo de oro así de maloliente, así de sucio, así de creíble, así de bien iluminado por (aparentemente) cuatro velas. Nunca imaginé que el conflicto religioso con los protestantes en la España católica diera para una historia tan intrigante como esta. Siempre soñé con una serie española que tuviera una narración así de contenida, así de sobria, con pocas pistas y mucha seguridad en la puesta en escena -un estilo afortunadamente cada vez más habitual-. Ahí cerquita, en la lujosa Sevilla del XVII, teníamos nuestro particular Desembarco del Rey, nuestro heroico Jon Snow, nuestras luchas de poder y nuestra ansia de redención”.

Converso, de David Arratibel

“Un documental sobre el espíritu santo o, más prosaicamente, la historia de un hijo adulto convertido en estupefacta oveja negra por no seguir las sorprendentes y auténticas conversiones al catolicismo militante de sus hermanas, madre y cuñado -otra vez familia y religión, temas eternos-. Un documental en la frontera permanente, que no se avergüenza de su materia prima. Un demiurgo que no se sitúa por encima de sus criaturas, sino que quiere comprenderlas y perdonarlas y, humanamente, ser entendido y aceptado. ¿Qué hay más hermoso que eso: hacer cine para reconciliarte con tu familia?”.

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