En el metro

El metro de Madrid cumple 100 años -un 17 de octubre de 1919 lo inauguraba el rey Alfonso XIII- y nosotros hemos querido rendirle homenaje recordando algunos momentos del cine español que lo inmortalizaron. En multitud de ocasiones, ha sido elemento cotidiano de la gran ciudad en la que se ambientaba la historia, pero en otros momentos ha ganado protagonismo hasta convertirse en parte esencial del relato. Esos momentos son los que hemos querido recordar en la entrada de esta semana. Pasen, validen su tique y vean.

Encontrarse

Unos jóvenes Ariadna Gil y Coque Malla protagonizaron en 1992 El columpio, uno de los cortos más famosos del cine español, dirigido por Álvaro Fernández Armero. Esta romántica historia de encuentro y desencuentro en el metro ganó el Goya a mejor cortometraje de ficción en 1993 e inició la carrera de su director que insistiría después en comedias románticas con títulos como Todo es mentira o Nada en la nevera -en ambas de nuevo con Coque Malla como protagonista-.

Perderse

La ópera prima como director de Javier Elorrieta en 1979 fue esta terrorífica película protagonizada por José María Rodero y un jovencísimo Enrique San Francisco. La larga noche de los bastones blancos es la historia de dos invidentes que se pierden en el metro de Madrid. Así. Sin más.

La cara humana

Cuál es la cara humana del metro de Madrid. ¿La de las miles de personas que pasan por él todos los días? Sí, pero no sólo. También la de los que viven -al menos durante buena parte del día- en él, como nos enseñó Princesas o Báilame el agua. Y también la de los que trabajan en él. Una película española de los años 60, Un vampiro para dos, dirigida por Pedro Lazaga y protagonizada por Gracita Morales y José Luis López Vázquez, iniciaba su conflicto con la imposibilidad de compaginar vida laboral y pareja del matrimonio protagonistas, ambos trabajadores en el metro, pero con turnos dispares. Y tan conflicto que acaban emigrando a Alemania…

Parte de nuestro mundo

La parada de Ópera en Ópera prima, de Fernando Trueba; una forma de huir del atraco que acaban de cometer en La estanquera de Vallecas, de Eloy de la Iglesia; el refugio para las bombas durante la guerra en Las bicicletas son para el verano, de Jaime Chávarri; un entretenimiento más con el que intentar vencer el aburrimiento cotidiano en Barrio

Achero Mañas convertía al metro madrileño en protagonista de su primer cortometraje y lo hacía convivir con ese universo de la infancia de barrio que tan bien seguiría retratando en el cortometraje Cazadores y en su ópera prima en el largometraje El bola.

Como nunca antes lo habíamos visto

Aunque ha sido mucho más recientemente cuando nos hemos introducido en el metro de Madrid como nunca antes hubiéramos imaginado. Y lo hemos hecho desde el territorio documental y de la mano de los canarios Víctor Moreno -en la dirección- y Jose Alayón -en la fotografía y en la producción-. La ciudad oculta nos enseña el subsuelo de Madrid y en él cobra especial importancia, por supuesto, el laberinto formado por los túneles y paradas de las distintas líneas de metro, eso que se esconde detrás de la oscuridad que vemos cuando viajamos en metro, como reconocía su driector en una entrevista y que fue uno de las motivaciones de inspiración de la película.

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