Williams y Morricone en 10 bandas sonoras

La noticia saltaba el viernes pasado. El Princesa de Asturias de las Artes se acordaba este año de la música de cine y lo hacía premiando ex aequo a dos auténticas leyendas vivas de la composición de bandas sonoras: el estadounidense John Williams (Nueva York, 1932) y el italiano Ennio Morricone (Roma, 1928). Son dos figuras admiradas por todos, aunque con estilos y trayectorias muy diferentes. Hoy queremos hacerles nuestro pequeño homenaje a través de diez bandas sonoras inolvidables -cinco de cada uno-.

Es una misión casi imposible elegir sólo cinco trabajos de carreras tan longevas y tan llenas de obras maestras y premios -Williams, por ejemplo, ha ganado cinco veces el Óscar, pero ha optado a la estatuilla en ¡52 ocasiones!, 47 de ellas en la categoría de banda sonora original-. Es decir, que lo más probable sea que eches de menos tu trabajo favorito y eso te llene de absoluta indignación… Perdón por adelantado. ¿Comenzamos?

Williams, 1 de 5: Tiburón (1975)

Su primer Óscar a mejor banda sonora original -lo había conseguido en 1971 por la adaptación del musical Un violinista en el tejado– y una melodía, sencilla y efectiva, que caló en la memoria colectiva asociada a cualquier amenaza. Fue la confirmación mundial del talento de Steven Spielberg y de John Williams y del fructífero matrimonio que podían formar las imágenes del primero con las melodías del segundo.

Dicen que a Spielberg no le convencía la famosa melodía del tiburón por su excesiva sencillez, pero al final tuvo que reconocer su error.

Williams, 2 de 5: Trilogía La guerra de las galaxias (1977-1983)

Aunque su carrera está vinculada a la de Spielberg, John Williams ha trabajado también para otros cineastas. Quizás sus composiciones más famosa ‘para otros’ o al menos las que han calado con mayor fuerza fuera de la pantalla sean las creadas para el universo Star Wars. Con La guerra de las galaxias (1977) consiguió su tercer Óscar -compitió contra su propio trabajo en Encuentros en la Tercera Fase-.

Williams sería el responsable de poner la música a toda la ‘trilogía original’ -formada además por El imperio contraataca (1980) y El retorno del Jedi (1983)- y a la segunda y tercera trilogías que arrancaban, respectivamente, en 1999 con Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma y en 2015 en Star Wars: Episodio VII – El despertar de la Fuerza.

Williams, 3 de 5: Trilogía Indiana Jones (1981-1989)

Lo ha conseguido varias veces durante su carrera: crear bandas sonoras para películas de aventuras que tuvieran su sello reconocible -y por extensión el de Spielberg- y calaran en la audiencia, con melodías fácilmente tarareables y sin caer en la repetición. Con la trilogía de Indiana Jones -iniciada en 1981 con En busca del arca perdida– lo volvía a lograr. Su Raiders March -que realmente fusionaba dos temas ante la incapacidad de Spielberg de decidirse por uno- se grabó a fuego en la mente de todos y es otra de las melodías que sobrevivirá a su compositor y forma parte ya de la cultura popular.

Williams también asumiría la responsabilidad musical en el intento de reflotar la saga con El reino de la calavera de cristal (2007).

Williams, 4 de 5: E.T., el extraterrestre (1982)

Es una obra de plena madurez del matrimonio Spielberg-Williams con sus característicos elementos fantásticos, con su no menos característico foco en la ternura infantil y con un inolvidable crescendo emocional final. Se cuenta que el cineasta le pidió a Williams que dirigiera los últimos quince minutos con la orquesta sin atender al montaje de la película, sólo con el tempo que la música le pidiera y que fue el propio Spielberg quien modificó el montaje para adaptar completamente el desenlace del filme a la música.

Con la banda sonora original de E.T., el extraterrestre, John Williams consiguió su cuarto Óscar -tercero por composición original-.

Williams, 5 de 5: La lista de Schindler (1993)

En los 90, Spielberg se atrevió a introducirse en los campos de concentración nazi para contar la historia real de Oskar Schindler y cómo salvó a miles de judíos de la muerte segura. No era su primer ‘drama adulto’, pero el género ciertamente no abundaba en su carrera. La apuesta se saldó con un exitazo internacional, tanto comercial como crítico, y siete premios Óscar de doce nominaciones -incluyendo el quinto galardón para Williams, que no lo ganaba desde ET-.

La banda sonora cuenta con un tema central, icónico en su interpretación con violín solista, lleno de dramatismo, que trascendió pronto a la película para sobreutilizarse cuando había que poner música a todo tipo de tragedias.

Morricone, 1 de 5: El bueno, el feo y el malo (1966)

La carrera de Ennio Morricone despertó al mundo gracias al éxito internacional de un tipo de western a la europea -el género empezó a ser conocido como spaguetti western-, dirigido por Sergio Leone y protagonizado por Clint Eastwood. Este tipo de películas destacaban por su violencia, por su imaginativa planificación y por sus bandas sonoras. Por un puñado de dólares (1964) inició una trilogía que seguiría con La muerte tenía un precio (1965) y llegaría a su plenitud con El bueno, el feo y el malo.

Morricone y Leone volverían a repetir en el género en Hasta que llegó su hora (1968) o ¡Agáchate, maldito! (1971) y con el tiempo, los hallazgos artísticos del género -también en lo musical- superarían los prejuicios iniciales que consideraron este tipo de filmes como un ‘cine menor’.

Morricone, 2 de 5: Érase una vez en América (1984)

Morricone fue un compositor muy prolífico, especialmente durante la década de los 60 y 70, pero fue a finales de esta última cuando empezó a asumir grandes proyectos que hicieron que la crítica, la industria y los premios se fijaran en él. Novecento (Bernardo Bertolucci, 1976) y Días de cielo (Terrence Malick, 1978) -por el que optaría por primera vez al Óscar- fueron algunos de estos primeros grandes títulos. A ese tipo de cine corresponde también su última colaboración con Sergio Leone que abandona el western para contarnos la epopeya de la emigración italiana en los EEUU. Érase una vez en América (1984) está considerada como la mejor partitura de su carrera y como una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine.

Se dice que la Academia la descalificó por un tecnicismo lo que le impidió ganar un premio para el que ese año era favorita y que se lo llevó otro ‘matrimonio de grandes’: Maurice Jarre y David Lean por Pasaje a la India.

Morricone, 3 de 5: La misión (1986)

Oboe, coros, tambores nativos, guitarra española… La música de La misión (Roland Joffé, 1986) es una de las obras más importantes de la carrera de Ennio Morricone y una de las partituras más influyentes de las últimas décadas.

El compositor italiano no era la primera opción de los productores y sólo llegó al proyecto por la imposibilidad de que Leonard Bernstein asumiera el encargo. El propio Morricone recuerda que cuando le enseñaron la película, les sugirió a los productores dejarla sin música, que cualquier composición que se le añadiera a aquella historia sería superflua. Finalmente asumió un encargo lleno de requisitos y complicaciones -tenía que escribir una pieza para oboe, introducir la época e incluir música tradicional indígena- y lo llevó al mejor de los puertos posibles: es un auténtico clásico de la historia de las bandas sonoras.

Morricone, 4 de 5: Cinema Paradiso (1988)

Otro clásico moderno de la historia de las bandas sonoras fue Cinema Paradiso – que dio a conocer internacionalmente al italiano Giuseppe Tornatore, uno de los directores a los que Morricone le seguiría siendo fiel después-. En la composición participó también Andrea Morricone, su hijo.

Para la historia de la cultura popular quedó esa emotiva melodía acompañando al montaje de besos censurados que sirve de perfecto cierre a una historia que conquistó el Óscar a mejor película de habla no inglesa y el Gran Premio Especial del Jurado en Cannes, entre muchos otros galardones, y por el que los Morricone ganaron el BAFTA y el David di Donatello.

Morricone, 5 de 5: Los odiosos ocho (2015)

El cineasta Quentin Tarantino, fan confeso del spaguetti western, cumplió en 2015 el sueño de hacer un filme con música original de Ennio Morricone -ya había utilizado temas ‘reciclados’ del compositor italiano en Malditos bastardos y Django desencadenado-. El resultado fue Los odiosos ocho y la partitura hizo historia en su carrera al hacerle ganar el único Óscar de su larga trayectoria en un momento en el que ya no lo esperaba -también conquistó con esta banda sonora el Globo de Oro y el BAFTA-, casi diez años después de recibir el premio honorífico de la Academia de Hollywood.

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