Fincher, el último grande en ‘caer’ en los brazos de Netflix

El estreno en salas de Mank, la última película de David Fincher, que produce y distribuye Netflix, ha hecho que vuelva a la actualidad el debate sobre las plataformas y su papel en el futuro –y en el presente– del cine, sobre todo tras echarle un vistazo al acuerdo de exclusividad al que han llegado con el autor de Seven o La red social. Hace unos años, la irrupción de las plataformas VOD no sólo en la distribución de películas sino también en la producción de contenidos propios creó el debate. Algunos grandes festivales se negaron a recibir películas que se hubieran saltado el ‘orden natural de las cosas’ y muchos grandes autores apoyaron públicamente la decisión. ¿Qué hicieron las plataformas? Seguir seduciendo a los grandes directores, permitiéndoles hacer esos proyectos largamente ansiados, esos mismos que los grandes estudios les negaban.

La estrategia va dando poco a poco sus frutos y ya hemos visto cómo en la última ceremonia de los Óscar sorprendía la amplia presencia de producciones de Netflix entre los nominados –no hay duda de que el camino comenzó a abrirse con el éxito de Roma de Cuarón–. Otro debate podría ser si todos esos autores con mayúsculas han conseguido mantener su esencia… David Fincher es el último grande que cae en las redes de Netflix, pero no es ni mucho menos el único. Veamos algunos ejemplos.

Martin Scorsese y El irlandés

Estaba desesperado”. Así de contundente se mostró uno de los máximos iconos vivos del cine norteamericano ante la pregunta: “¿Por qué Netflix?”. El irlandés (2019) es un proyecto que tardó en sacar adelante la friolera de diez años, en el que ningún estudio quería verse involucrado. Y eso que estamos hablando —nada más y nada menos— que del mismísimo Martin Scorsese y de su reunión, después de más de veinte años, con Robert de Niro y Joe Pesci. Por no hablar de la presencia de Al Pacino y de que es una película de gánsteres, ‘prima hermana’ de algunas de las obras maestras más reconocidas del cineasta italoamericano (Uno de los nuestros, Casino). ¿Qué demonios podía salir mal? Pues, al parecer, el uso masivo de CGI y el elevado presupuesto —150 millones de dólares, equivalente a cualquier blockbuster contemporáneo— fueron las principales razones que explicaban esa falta de interés en este ambicioso, pero también reflexivo y melancólico, fresco de Estados Unidos disfrazado de drama otoñal —¿o es al revés?—. Por suerte, la empresa californiana creyó en esta película y todos, no solo el bueno de Marty, debemos estarle agradecidos.

Alfonso Cuarón y Roma

Desconocemos si el talentoso cineasta mexicano, tras el éxito —crítico y comercial— de Gravity, tuvo tantos problemas como Scorsese para sacar adelante este proyecto, más “pequeño” y personal que sus obras inmediatamente anteriores, inspirado en su propia infancia. El hecho es que estamos ante una película rodada en blanco y negro y hablada en español y mixteco, de estilo ‘europeo’, construida con pausados planos-secuencia, sobre la vida cotidiana de una humilde niñera en una familia burguesa en el México de los años 70. El recibimiento de Roma (2018) fue más que acogedor, tanto en festivales europeos —León de Oro en Venecia— como americanos —Óscar a Mejor Director, Fotografía y Película Internacional—, consagrando a Alfonso Cuarón como uno de los directores más en forma del panorama actual, capaz de moverse como pez en el agua entre distintas escalas de proyecto sin perder su esencia.

Los Hermanos Coen y La balada de Buster Scruggs

“La cuestión más fundamental es que ellos son los que están dando un paso adelante y gastándose el dinero en películas que no se basan en cómics de Marvel o en grandes franquicias de acción, y esa clase de cosas. Que es básicamente el negocio de los estudios ahora”. Sin duda, esto suena bastante similar al caso de Martin Scorsese. Los hermanos Coen, creadores que ocupan un lugar de excepción en el cine norteamericano desde hace ya un par de décadas, dieron el salto a la plataforma con La balada de Buster Scruggs (2018), una deliciosa antología –iba a ser en un principio una serie– que “desempolva” seis historias ambientadas en el Lejano Oeste. Se trata de seis relatos —de extensión heterogénea— por los que desfilan varios arquetipos de la mitología (pistoleros, jugadores, ladrones, indios, feriantes, buscadores de oro) y que van de lo emotivo a lo macabro, pero siempre bajo la lúcida y negra mirada de estos hermanos incapaces, aborden el género que aborden, de ser otra cosa que ellos mismos.

Bong Joon-ho y Ojka

Tras Snowpiercer, su primer trabajo rodado en inglés, Bong Joon-ho, una de las grandes figuras del cine surcoreano, aterrizó en la plataforma con la distópica Okja (2017), la peripecia de una niña granjera surcoreana que quiere salvar a su cerdo gigante de ser sacrificado por una desalmada multinacional estadounidense. Por el camino, obtendrá la ayuda de algunos activistas animalistas. Así como suena, antes de regresar a su país natal y consagrarse con el sorprendente y planetario éxito de Parásitos (2019), Bong nos regaló este blockbuster con corazón y estilo en el que también caben dosis de reflexión y denuncia.

Noah Baumbach: The Meyerowitz Stories e Historia de un matrimonio

El cineasta neoyorkino se ha erigido como uno de los grandes nombres de la compañía, habiéndole ésta producido sus dos últimas películas: The Meyerowitz Stories (2017) e Historia de un matrimonio (2019). Considerado una suerte de heredero de Woody Allen, aunque por supuesto con una fuerte y marcada personalidad propia, Baumbach es un consumado especialista en tragicomedias, obsesionado por las aristas —miserias y grandezas— de la vida familiar, aunque bien es verdad que, mientras que en Meyerowitz encontramos un exquisito equilibro entre tonos dramáticos y cómicos, la segunda es una devastadora historia con ecos ‘bergmanianos’ y dos actores —Adam Driver y Scarlett Johansson— en estado de gracia.

Spike Lee y Da 5 Bloods

No sería faltar a la verdad decir que los comienzos de siglo se le hicieron algo cuesta arriba a Spike Lee, tras su potente irrupción a finales de los años 80 y principios de los 90 como figura comprometida y contestataria (Haz lo que debas, Malcolm X). Después de esta larga travesía en el desierto pareció que con Infiltrado en el KKKlan (2018) volvía a atraer la atención de la crítica —seis nominaciones a los Óscar así lo certifican—, y ahora ha realizado para Netflix Das 5 bloods (2020). La película es una “especulación sobre la moralidad durante la guerra” a través de la historia de un grupo de afroamericanos, veteranos de Vietnam, que regresa al país asiático en busca de los restos de su jefe de escuadrón. Lee, también coguionista de la película, continúa así con su ímproba labor de iluminar, a través de sus trabajos, siempre críticos y políticos, acontecimientos que comprometen a la comunidad afroamericana.

Charlie Kaufman y Estoy pensando en dejarlo

Charlie Kaufman alcanzó fama de guionista excéntrico y genial gracias a sus colaboraciones con Spike Jonze (Cómo ser John Malkovich, Adaptation), pero con su tardía ópera prima como director, Synecdoche New York (2008), demostró ser además un director de gran talento y singularidad: películas laberínticas, profundas, y —muchas veces— deprimentes. Con Estoy pensando en dejarlo, su tercer largometraje tras su incursión en el stop motion con Anomalisa (2015), Kaufman adapta por primera vez material ajeno, aunque vistos los resultados le viene como anillo al dedo. Nada es lo que parece cuando una mujer, que tiene dudas sobre su nueva relación, emprende junto a su novio un viaje por carretera para visitar a los padres de él en una remota granja.

Orson Welles y Al otro lado del viento

Aunque para casos atípicos el de Orson Welles y Al otro lado del viento (2018). Este es un proyecto rodado a principios de los 70 por el genial autor de clásicos como Ciudadano Kane o Sed de mal, pero que no pudo concluir en vida. Tras varios intentos, en 2014 se lleva a cabo la reconstrucción de la película bajo la supervisión de Peter Bogdanovich y del productor Frank Marshall. Estamos ante una película sobre Hollywood, a través de la historia de un viejo cineasta –interpretado por John Huston– que afronta la recta final de su vida mientras intenta conseguir inversores para acabar su último proyecto. Metaficción a varios niveles. Además también podemos ver en Netflix el documental They’ll Love Me When I’m Dead (2018), creando una doble sesión perfecta para los que quieren adentrarse en la personalidad de uno de los más famosos genios rebeldes de Hollywood.

Y en España

También en nuestro país, Netflix ha llegado como tierra prometida para algunos directores más o menos consagrados. El primero que se subió al carro fue un por entonces desaparecido Roger Gual (Smoking Room, Remake) con 7 años (2016), una obra de cámara de inspiración teatral y reparto de caras conocidas –de Paco León a Àlex Brendemühl o Juana Acosta–.

Le han seguido Borja Cobeaga y su divertidísima y –cómo no– polémica comedia Fe de etarras; Isabel Coixet y su drama romántico Elisa y Marcela –que nos descubrió a Greta Fernández–; o Daniel Sánchez Arévalo y su road movie familiar Diecisiete.

Este año hemos podido ver El practicante –impactante regreso de Carles Torras tras Callback– y Hogar, segunda película de los siempre prometedores Hermanos Pastor tras Los últimos días e Infectados.

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