Godard en 12 películas

La semana pasada moría Jean-Luc Godard (1930-2022), auténtica leyenda de la nouvelle vague, la más famosa de las nuevas olas que revolucionaron el cine mundial en los años 60. Pero Godard fue mucho más que eso: un cineasta siempre rebelde, político, comprometido y por encima de todo libre, que reflexionó constantemente sobre el cine -sobre el suyo y sobre el de los otros- e hizo cine para reflexionar sobre la vida. Un autor con mayúsculas que no se cansó de intentar abrir una y otra vez caminos para el Séptimo Arte que lo alejaran de la narrativa tradicional. Un creador de preguntas más que de respuestas. Es imposible –no ya difícil– resumir su extensa carrera y sus irrepetibles aportaciones en 12 títulos, pero nosotros nos hemos empeñado en hacerlo. Allá vamos. Deséanos suerte.

Al final de la escapada (1960)

Debut en el largometraje de Jean-Luc Godard y auténtico icono de toda una época. Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg protagonizan un filme en blanco y negro y sin guion que homenajea al cine negro estadounidense y que consiguió el Oso de Plata a la mejor dirección en el Festival de Berlín. Su libertad y su obsesión por romper las reglas narrativas sigue ejerciendo una influencia evidente 60 años después.

Vivir su vida (1962)

Una de las mejores películas de su autor con una magnética Anna Karina, por entonces pareja del cineasta. La historia de cómo Nana una mujer del montón acaba prostituyéndose es recordada especialmente por la hermosa secuencia en la que llora en el cine viendo La Pasión de Juana de Arco de Dreyer. Premio Especial del Jurado y Premio Passineti en el Festival de Venecia.

El desprecio (1963)

El afán rebelde de Godard le lleva a nuevos terrenos de experimentación narrativa en El desprecio. Película sobre el cine y sobre la creación que cuenta una historia de ficción que el cineasta lleva a la reflexión autobiográfica –muchos de los diálogos de la pareja erosionada del filme son transcripciones literales de diálogos reales entre el propio Godard y Anna Karina, en plena crisis–. En el reparto, Michel Piccoli, Brigitte Bardot, Jack Palance y hasta Fritz Lang haciendo de sí mismo.

Banda aparte (1964)

Uno de los clásicos de la nouvelle vague y una de sus cintas más influyentes. Mezcla de cine negro, comedia y drama, adapta una novela pulp para acabar creando algo así como una variación humorística del Jules y Jim de Truffaut. De nuevo, Anna Karina en el centro, interpretando a una inocente joven que conoce a dos ladrones aficionados –Claude Brasseur y Sami Frey–y se lanza a planear un robo. Mejor película de 1964 para Cahiers du Cinema.

Pierrot el loco (1965)

Paul Belmondo interpreta a Ferdinand, un profesor de Lengua Española que acaba en un loco viaje a ninguna parte junto a Marianne –de nuevo Anna Karina–, su antigua amante. En el camino, violencia e intercambio de reflexiones sobre la vida y sobre el amor. De nuevo, Godard incluye un cameo cinéfilo de postín, esta vez viene de la mano de Samuel Fuller, que se interpreta a sí mismo.

Week-end (1967)

Muchas la consideran como la película que pone fin a la nouvelle vague. Negrísima comedia del absurdo, de narrativa libérrima, que en realidad es una feroz crítica a la burguesía. Una pareja emprende un viaje en carretera a la casa de los padres de ella para asegurarse la herencia del padre moribundo. El viaje es una colección de viñetas surrealistas y violentas que tiene siempre a la lucha de clases en el centro. Para el recuerdo, la larga escena en el atasco, que muchos han querido relacionar con el relato La autopista del sur de Julio Cortázar.

La Chinoise (1967)

En plena época política de su cine, Godard aborda en La Chinoise una gran reflexión sobre el auge de la izquierda europea –no exenta de ironía– que acabaría dando lugar al Mayo del 68 y que aparecía enormemente influenciada por la Revolución Cultural China de 1966 y los preceptos filosóficos del maoísmo. La película, de obsesión racional, huye de la emoción pura y lo rodea todo de una estética minimalista de colores primarios con el rojo como bandera. Anne Wiazemsky y Jean-Pierre Léaud encabezan el reparto.

Pasión (1982)

A principios de los años 80, Godard vuelve al cine comercial. Ahora cuenta con grandes presupuestos y los mejores intérpretes de Europa. Pasión es una de sus mejores apuestas de este momento con un reparto que incluye a Hannah Schygulla, Michel Piccoli o una joven Isabelle Huppert y con una historia de amor rodeada, una vez más, de metaficción cinematográfica. La estética ‘nouvelle vague’ permanece en algunos fragmentos de una película que supuso la vuelta de Raoul Coutard como su director de fotografía -Gran Premio Técnico en Cannes-, con el que no trabajaba desde Week-end (1967).

Histoire(s) du cinéma (1988-1998)

Una de las obras cumbre de Jean-Luc Godard es esta apabullante serie documental –ocho capóitulos de 266 minutos–, realizada desde su residencia en Suiza entre 1988 y 1998. Para muchos es una de las miradas más lúcidas sobre la historia del cine que se ha hecho nunca. En ella, crea un ensayo en forma de heterogéneo collage con fragmentos de películas, textos, citas, fotos, cuadros, músicas, sonidos, y lecturas a cargo de narradores entre los que se encuentran estrellas como Juliette Binoche, Alain Cuny o Julie Delpy.

Nuestra música (2004)

Jean Luc Godard volvía al beneplácito de parte de la crítica y a cierta senda comercial -aunque eso sea mucho decir- con Nuestra música, película dividida en tres episodios –Infierno, Purgatorio y Paraíso– en la que está muy presente la guerra, la literatura y el desencanto en el que Europa se encontraba sumida ya en los primeros años del siglo XXI tras los atentados del 11S. El cineasta francés se interpreta a sí mismo.

Adiós al lenguaje (2014)

Jean Luc Godard sorprendió a propios y extraños con Adiós al lenguaje, una reflexión metafórica sobre los límites del lenguaje a través de una pareja que agotan todo lo que decirse y de un perro que habla, alter ego irónico del propio cineasta. Todo ello en un entorno de cine experimental en el que las distintas descomposiciones y construcciones de las imágenes juega también un papel narrativo. Se concibió para su proyección en 3D.

El libro de imágenes (2018)

La última gran película de Godard mantiene la apuesta por la ruptura narrativa y por la reflexión sobre el propio cine y su lenguaje que siempre le interesó y que había renovado con Adiós al lenguaje. Cannes, en cuya sección Oficial compitió, tuvo que inventarse un premio especial para destacar una obra mayor, imposible de equiparar a ninguna otra. Y encima es una de sus películas experimentales más accesibles gracias al variado juego que emprende con sus espectadores.

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